Terrain et archive

Observatoire de l’archivage des matériaux de terrain des ethnologues

Francisco Campuzano

Informe 2006 - Grazalema revisitada: Cambio social y cultural en un pueblo de la Sierra (Parte 3 : Análisis detallado de los cambios)

En este apartado repasamos, siguiendo el mismo orden de exposición que aparece en el libro, los elementos descritos por Pitt-Rivers cuya evolución es posible analizar, indicando en qué medida se han producido cambios y en qué dirección.

Al describir Pitt-Riverr los motivos que le llevaron a escoger Grazalema para su estudio, advertimos un primer aspecto que ha cambiado radicalmente en el pueblo:

 “siendo más cerrada que otras poblaciones, mi aparición aquí en invierno fue más ‘acontecimiento’ que en cualquier otro lugar” (1994: 40).

La llegada de un forastero ha dejado de ser un acontecimiento debido a la afluencia masiva de turistas. Diariamente, especialmente en fines de semana y períodos vacacionales, llegan autobuses enteros.

La situación en que se encontró Pitt-Rivers en Grazalema, siempre acompañado por una caterva de curiosos niños durante sus primeras semanas en el pueblo, no distaba mucho de la que halló su compatriota Lady Louise Tenison un siglo antes, cuando visitó en 1851 el pueblo (L. Tensión, Castile and Andalucia, citado por Pinillos 1987: 85-88):

“Nada podría haber excedido la sensación creada por nuestra llegada, sin ninguna duda éramos una novedad, la gente se apiñaba para vernos pasar y cuando llegamos a la puerta de la casa que estábamos buscando, las calles estaban atestadas. Vimos gran cantidad de caras que nos miraban desde todas las direcciones, evidentemente nunca habían sido vistas antes en Grazalema mujeres montando a caballo al estilo inglés.

Después de algún retraso y un buen rato de conversación, dos cosas necesarias para arreglar cualquier asunto en España, conseguimos instalarnos muy confortablemente. Nuestro patrón tuvo que dejar vacantes sus propias habitaciones y algunos de nuestro grupo se instalaron en una habitación donde había una pequeña hornacina con una imagen de la Virgen y una lámpara ardiendo delante de ella.

Mientras mis compañeros se estaban preparando para cenar, deshaciendo las maletas, yo me acomodé en el balcón para hacer un pequeño dibujo de la calle con las rosas surgiendo detrás de las casas. Esto atrajo la atención de la multitud aún más que antes, la calle estaba totalmente llena y un joven muchacho más decidido que el resto, trepó desde una reja del piso bajo al balcón, donde yo estaba sentada. Resultó muy divertido el tono de desdeñosa sorpresa con que informó al público "nada de particular, todo blanco”, un anuncio que fue recibido por sus amigos con signos evidentes de decepción.

La excitación se extendió incluso a la clase más alta de la sociedad de Grazalema, y recibí una embajada formada por unas jóvenes señoritas que deseaban contemplar lo que yo había estado pintando, petición que no pude atender ya que no había tenido tiempo para hacer algo que pudiese ser visto.

[..]

Una verdadera turba de gente nos seguía desde el pueblo. Su asombro fue ilimitado cuando desenrollé la sombrilla que uso para pintar y ningún requerimiento por nuestra parte les pudo inducir a volver a sus casas. Ellos continuaron mirando, yo continué pintando mientras que mis compañeros trataban de convencerles que no había nada que ver allí, que éramos hombres y mujeres como ellos mismos. Entonces nos trasladamos a un sitio muy romántico para tener una vista general del pueblo y del precipicio y entonces la escena llegó a ser curiosísima. La gente estaba colgada en las rocas, mirándonos desde cada rincón de donde podían tener una visión de los extranjeros. Dudo que en los pueblos más remotos de Asia los viajeros pudiesen ser objeto de una tal curiosidad. La situación llegó a ser tan enojosa que nos vimos obligados a buscar a un guardia que consiguió imponer algo de orden.”

En los años en que Pitt-Rivers realizó su trabajo de campo las visitas de forasteros al pueblo eran escasas y los motivos de éstas eran también más limitados. Los más frecuentes eran la ocupación de un cargo público, la realización de algún trato o negocio Los primeros veraneantes acudieron por la benignidad del clima, pues los aires de la sierra eran recomendados por los médicos como remedio o alivio para los enfermos de asma y otras enfermedades bronquiales. Los veraneantes alquilaban una casa pára el verano o una habitación en alguna de las fondas. Hoy día, cualquier fin de semana, y cada vez más también entre semana, llegan al pueblo dos o tres autobuses cargados de turistas para visitar el pueblo. Si son extranjeros suelen comprar sellos de correos y postales, visitar el pueblo, tomar unas cervezas en los abres y comer en alguno de los restaurantes. Algunos realizan algunas compras más, como por ejemplo, alguna prenda de lana.

El turismo nacional, regional y provincial, dedica su tiempo a proveerse de los prouctos de alimentación en general, si pernoctan en el Pueblo. Si van de paso hacen acopio de productos del cerdo: jamones, paletillas, chorizo, morcilla, salchichón, lomo embuchado, etc. Muchos turistas, tanto nacionales como extranjeros, dedican también parte de su tiempo al senderismo. Una pequeña parte realiza otras actividades como la escalada. Hay varias empresas locales que se dedican a ofrecer servicios para practicar este deporte, y algunos otros, tales como rutas a caballo, descenso de cañones, espeleología, vuelo en ala delta, etc. En general, el contacto de los turistas con las personas del pueblo es reducido. El contacto más frecuente se produce en los tratos para el alquiler de las casas, y en los establecimientos públicos como el estanco, la tienda en que se vende la prensa, la oficina de información turística, hoteles, restaurantes, bares, supermercdos y tiendas con productos para regalar.

Llamó la atención a Pitt-Rivers lo compacto del poblamiento, el menor tamaño relativo de las poblaciones con respecto a la llanura y la similitud exterior entre unos pueblos y otros. Estas características perduran, especialmente en aquellos municipios que durante los años 60 y 70 siguieron perdiendo población y, por tanto, tenían poca necesidad de construir nuevas viviendas. En otros casos, como en Ubrique, con población creciente, fueron apareciendo promociones de viviendas en bloques. Posteriormente, en algunos pueblos de la llanura, se han construido adosados, la tipología en boga en los cinturones de expansión de las áreas metropolitanas. Grazalema, Benamahoma, Villaluenga del Rosario, Benaocaz y Zahara de la Sierra conservan bastante bien la tipología edificatoria de su caserío, aunque las nuevas promociones, si bien conservan superficialmente la tipología, fachada encalada, rejas en ventanas y balcones, puerta de madera, etc., crean hileras de casas cuya continuidad es fácilmente reconocible y desentona con la heterogeneidad de las casas auto-construidas una a una o rehabilitadas.

Un factor muy importante ha sido la propia normativa urbanística de los pueblos así como el rigor seguido en su aplicación, en general protectora de estas tipologías y restrictiva en cuanto a la posibilidad edificar de forma aislada o separada del pueblo. Sin embargo, la principal causa, desde nuestro punto de vista, ha sido la preferencia de la propia gente por ese tipo de casas y por vivir en el pueblo. Además, hoy en día todo el pueblo es perfectamente consciente de que conservar el tipismo de las casas ha sido un factor esencial para haber hecho atractivo el pueblo desde el punto de vista turístico. Por el momento, los pueblos blancos han escapado de los devastadores efectos del urbanismo desarrollista que ha asolado la costa andaluza y las grandes aglomeraciones urbanas. Sin embargo, la situación no está exenta tensiones. Así, existe un proyecto para crear un campo de golf y un complejo turístico y residencial en la Manga de Villaluenga, el cual ha contado con críticas del movimiento ecologista. La Manga es un terreno muy llano, de alto valor ambiental y paisajístico.

Este tipo de iniciativas están proliferando en Andalucía. Agotado o inasequible por su precio el suelo en las zonas costeras, se está produciendo el salto de los grandes complejos del tipo resort-golf-hoteles-urbanización-apartamentos de la primera a lo que se ha dado en llamar, segunda o tercera “línea de playa”, es decir, espacios de interior, tradicionalmente fuera de la vorágine turística pero que, con las nuevas infraestructuras de comunicación o la mejora de las existentes, quedan a distancias de entre una y media hora de las zonas costeras o bien, se encuentran en parajes naturales con un alto valor paisajístico. El impacto de estos proyectos no está tanto en los campos de golf, los cuales tienen un impacto ambiental escaso e incluso pueden tener impactos positivos y generan un empleo aceptable en función de la superficie que ocupan, sino en el desarrollo urbanístico asociado que, en realidad, es el núcleo del negocio. Un caso cercano es el de Benalup de Sidonia (la antigua Casas Viejas, tristemente célebre por brutal represión al movimiento anarquista). Esas iniciativas están orientadas fundamentalmente a turistas extranjeros que buscan un lugar atractivo y con un clima mejor que el de sus países de origen para para pasar las vacaciones o para vivir de forma permanente o por temporadas durante su jubilación.

Desde luego, para los ayuntamientos que son tentados con estas ofertas resulta difícil resistirse, pues con los ingresos que obtienen sólo de las licencias de obras para construirlas, pueden multiplicar sus presupuestos y costear infraestructuras y dotaciones beneficiosas para la población. Sin embargo, este tipo de desarrollos pueden tener contrapartidas negativas. Así, a la larga, el ayuntamiento debe hacer frente a los servicios que requieren esas urbanizaciones. En el caso de tratarse de urbanizaciones con predominio residencial y no hotelero, la contribución a la economía local no suele ser muy alta ni crear mucho empleo. Además, se trata de decisiones cuyas consecuencias – desde el punto de vista social, cultural, ambiental y paisajístico - son prácticamente irreversibles. Pensemos que estas iniciativas suelen incorporar entre mil y dos mil viviendas lo que supone, en muchos casos, crear un nuevo núcleo de población con más habitantes que el existente. La cuestión ha sido objeto de debate político, habiendo anunciado el Gobierno Autonómico la aprobación un reglamento para regular los campos de Golf.

La zona rural en que residió Pitt-Rivers durante la mayor parte de su estancia en Grazalema mientras realizaba su investigación, la Ribera del Gaidovar, era una de las más pobladas del término municipal. Alrededor del Huerto Fermín, donde vivía, en un radio de quinientos metros, se hallaban entonces permanentemente habitados, los siguientes lugares: el Huerto de Andrés el Choro, el Santo Cristo, los molinos de la Cruz y el Rincón, el Huerto de San Luis. En un radio de un kilómetro se encontraban habitados estos otros lugares: la Bodega, la Piedra Parda, la Huerta el Portal, el Molino de Currito y el de Chamongo, la.Máquina, la Borreguilla, la Calderona, etc. Hoy, sin embargo, muchos de los lugares mencionados se hallan derruidos o deshabitados, pocos continúan como antes y un par de ellos sólo se habitan temporalmente. En donde ya no residen, ni siquiera en las temporadas de trabajo, los jornaleros, es en aquellos cortijos de la llanura de que habla Pitt-Rivers.

Con carácter general, la población residente en el campo ha disminuido. Sólo en parte, y temporalmente, ha venido apaliar este abandono el nuevo turismo rural que ha convertido antiguos huertos y molinos en segundas residencias o en alojamientos rurales que se alquilan a los turistas. En el momento en que Pitt-Rivers realiza su estudio (años 1949-1951) y según los datos que pudo consultar del padrón municipal de habitantes, que le fue facilitado por el Secretario del Ayuntamiento, el núcleo de Grazalema tenía 2.045 habitantes y 604 casas. También nos informa de que unas 1740 personas vivían fuera del núcleo principal y, de ellas, la mitad (unas 620), residían en la aldea de Benamahoma (1994:42).

La suma de las cifras anteriores (3.785 habitantes) es algo inferior a la población del municipio según el censo de 1950, la cual asciende a 4.025 habitantes.

En el epílogo fechado en 1988 (1994: 256) señala Pitt-Rivers que: “La población de la ribera de Gaidovar, unos quinientos cuando yo vivía allí, hoy ha quedado reducida a unas pocas familias tradicionales y a otros tantos extranjeros peripatéticos.” Comparando estos datos con los del nomenclator de 1991 y 2005 observamos que la población de la Ribera ha quedado reducida a una tercera parta de lo que fue y que la población no ha sufrido cambios destacados desde entonces, lo que parece indicar una cierta estabilización en los últimos 15 años.

Poblamiento del municipio de Grazalema. Años 1991 y 2005

Población Total 1991

Población Total 2005

Municipio de Grazalema

2.230

2.225

 Grazalema (Núcleo principal)

1.665

1.659

 Población en diseminado en la Ribera del Gaidovar

145

146

 Benamahoma (Núcleo secundario)

420

420

 Aldea de Benamahoma

415

414

 Población en diseminado en Benamahoma

5

6

Fuente: Nomenclator Andalucía 1991 y 2005

La población de Grazalema ha sufrido un fuerte descenso a lo largo de los últimos ciento veinte años. En el segundo tercio del siglo XIX se acusa la crisis de la industria lanera y la consecuente emigración de los obreros textiles. A finales del siglo XIX se aprecia una ligera recuperación, que pensamos puede estar relacionada con la reorientación del sistema productivo local hacia nuevas actividades. Los testimonios orales sobre la diversidad de actividades manufactureras por aquellos años revelan la existencia todavía de una clase empresarial activa. La caída más brusca se produce en la década entre los años 1900 y 1920, cuando según los testimonios orales, se produce el definitivo abandono del pueblo por parte de la clase empresarial. Desde entonces, salvo una ligera estabilización en los años cuarenta, motivada por la imposibilidad de emigrar, la población no ha dejado de disminuir hasta llegar al a década de los ochenta en que la población se ha estabilizado aunque sigue disminuyendo levemente. Entre 1950 y 2001 la población del municipio de Grazalema descendió un 45 %.

En la actualidad el saldo migratorio del municipio es prácticamente nulo. Por otra parte, casi la totalidad de la emigraciones tienen como destino la propia Andalucía, y un 66 % la misma provincia de Cádiz, lo que pone de manifiesto que las variaciones residenciales son de corto recorrido.

Las proyecciones de población 1998-2016 elaboradas por el Instituto de Estadística de Andalucía para el conjunto de municipios que forman el área Ronda-Ubrique, definida según la clasificación de las estructuras del Modelo Territorial de Andalucía, muestran un crecimiento sostenido de la población para dicho período de unas tres mil personas, es decir un crecimiento modesto si tenemos en cuenta que el área agrupa a 36 municipios: Alcalá del valle, Algatocín, Algodonales, Alpandeire, Arriate, Atajate, Benadalid, Benalauría, Benaocaz, Benaoján, Benarrabá, El Bosque, Cañete la Real, Cartajima, Cortes de la Frontera, Cuevas del Becerro, Faraján, El Gastor, Gaucín, Genalguacil, Grazalema, Igualeja, Jimera de Líbar, Jubrique, Júzcar, Montejaque, Olvera, Parauta, Prado del Rey, Pujerra, Ronda, Setenil de las Bodegas, Torre Alhaquime, Ubrique, Villaluenga del Rosario y Zahara.

La pirámides de población para este área territorial muestran un estrechamiento de la pirámide en su base, de forma que las cohortes más numerosas pasan de ser las 25-30 años y 30-34 a ser la de 40-44, lo que pone de manifiesto el progresivo envejecimiento de la población.

En sólo cuatro años (censo de 2001 y padrón de 2005), la edad media de la población ha pasado de 38,88 a 39,80: un año más. Esta proyección para el área no permite advertir una tendencia observada en los últimos años y que consiste en que el conjunto del área crece, pero este crecimiento se concentra en los centros rurales y cabeceras comarcales (Ronda, Prado del Rey y El Bosque, por ejemplo), mientras que en los pequeños municipios la población tiende a seguir decreciendo.

El siguiente cuadro refleja la evolución de la población de los últimos censos para este conjunto de municipios:

Población de Derecho

Variación 1991-2001

Población en 2001 sobre total del área

Municipio

1981

1991

2001

(%)

(%)

Alcalá del valle

5.055

5.316

5.281

-0,66

4,73

Algatocín

1.056

1.019

970

-4,81

0,87

Algodonales

5.713

5.752

5.577

-3,04

4,99

Alpandeire

376

337

307

-8,90

0,27

Arriate

3.281

3.301

3.543

7,33

3,17

Atajate

149

164

173

5,49

0,15

Benadalid

300

255

278

9,02

0,25

Benalauría

624

526

508

-3,42

0,45

Benaocaz

624

528

656

24,24

0,59

Benaoján

1.781

1.642

1.588

-3,29

1,42

Benarrabá

803

709

522

-26,38

0,47

Bosque (El)

1.730

1.777

1.922

8,16

1,72

Cañete la Real

2.374

2.341

2.178

-6,96

1,95

Cartajima

373

358

238

-33,52

0,21

Cortes de la Frontera

4.233

3.747

3.557

-5,07

3,19

Cuevas del Becerro

2.099

2.018

1.880

-6,84

1,68

Faraján

330

314

287

-8,60

0,26

Gastor (El)

2.112

2.148

1.898

-11,64

1,70

Gaucín

2.227

1.830

1.684

-7,98

1,51

Genalguacil

966

662

561

-15,26

0,50

Grazalema

2.236

2.240

2.195

-2,01

1,97

Igualeja

1.299

1.055

898

-14,88

0,80

Jimera de Líbar

615

482

359

-25,52

0,32

Jubrique

1.192

908

751

-17,29

0,67

Júzcar

279

252

223

-11,51

0,20

Montejaque

1.724

1.047

1.032

-1,43

0,92

Olvera

9.525

9.091

8.583

-5,59

7,69

Parauta

379

303

217

-28,38

0,19

Prado del Rey

5.106

5.539

5.801

4,73

5,19

Pujerra

373

355

329

-7,32

0,29

Ronda

30.762

33.900

34.468

1,68

30,87

Setenil de las Bodegas

3.508

3.194

2.988

-6,45

2,68

Torre Alhaquime

1.077

1.023

905

-11,53

0,81

Ubrique

16.763

18.051

17.396

-3,63

15,58

Villaluenga del Rosario

569

513

418

-18,52

0,37

Zahara

2.047

1.610

1.499

-6,89

1,34

Total

113.660

114.307

111.670

-2,31

100,00

Por otra parte, el autor señala también que “La relación casas/número de habitantes es mucho más baja en la Población que en su área rural. En Grazalema es de 1 a 3,4, mientras que en el campo es de 1 a 5. Esto ocurre porque casi todas las familias que viven en el campo son propietarias de casas en la población. Estas casas permanecen vacías la mayor parte del año, siendo usadas sólo para almacenar el grano que debe ser ocultado de la mirada del inspector y para alojar a la familia cuando viene a residir a la población” (1994:43).

Distribución de la población y las viviendas por entidades. Nomenclator. Año 1991.

Municipio de Grazalema

Grazalema (Núcleo principal)

Ribera del Gaidovar (Diseminado)

Benamahoma (Núcleo secundario)

Benamahoma (Diseminado)

Poblacion Total

2240

1629

214

396

1

Poblacion Hombres

1156

836

114

205

1

Poblacion Mujeres

1084

793

100

191

0

Viviendas Familiares

1324

897

159

259

9

Viviendas Principales

685

513

56

115

1

Viviendas Secundarias

501

284

69

143

5

Viviendas Desocupadas

134

96

34

1

3

Viviendas Otro Tipo

3

3

0

0

0

Viviendas No Consta

1

1

0

0

0

Colectivos

4

2

1

1

0

Población Total / Viv Familiares

1,69

1,82

1,35

1,53

0,11

Población Total/Viv Principales

3,27

3,18

3,82

3,44

1,00

Viviendas Secundarias / Total viviendas Familiares

37,84

31,66

43,40

55,21

55,56

Viviendas Desocupadas / Total viviendas Familiares

10,12

10,70

21,38

0,39

33,33

Fuente: Elaboración propia a partir del nomenclator de población de 1991. Instituto de Estadística de Andalucía.

El cuadro anterior pone de manifiesto cómo el porcentaje de viviendas desocupadas es el doble en la ribera (21,38) que en el pueblo (10,70). Además, en la ribera hay más viviendas secundarias que principales (69 frente a 56). Un dato que llama la atención es el elevado porcentaje de viviendas destinadas a segunda residencia. En el conjunto del municipio este porcentaje asciende al 37,84, en la ribera asciende al 43,4 % y en el núcleo de Benamahoma se eleva al 55,21 %.

Si comparamos las cifras manejadas por Pitt-Rivers con las del nomenclátor de 1991 podemos observar que la población del núcleo de Grazalema ha descendido un 20 % (de 2045 a 1629) mientras que el número de viviendas ha pasado de 600 a 1.324, es decir, ha sufrido un incremento del 121 %. Ello ha supuesto una reducción muy importante de la relación población/viviendas, pasando de 3,4 a 1,69 en el pueblo y de 5 a 1,35 en la ribera. Esta distancia se atenúa sin consideramos exclusivamente las viviendas principales, es decir, las destinadas a residencia habitual. Considerando sólo estas viviendas el ratio población/viviendas es de 3,18 habitantes por vivienda en el pueblo y de 3,82 en la ribera.

El lugar de nacimiento de los residentes en el municipio de Grazalema, según el padrón municipal de habitantes de 2005, pone de manifiesto los siguientes datos de interés: el 99% de la habitantes han nacido en España, el 96% han nacido en Andalucía, el 78% en la misma provincia y el 61% en el mismo municipio de Grazalema.

Población según la relación entre el lugar de nacimiento y la residencia por sexo. Año 2005

Población total

%

Hombres

%

Mujeres

%

Total Población

2.225

100

1.161

 52,18

1.064

 47,82

Nacidos en España

2.197

 98,74

1.148

98,88

1.049

98,59

Nacidos en la misma Comunidad

2.147

 96,49

1.127

97,07

1.020

95,86

Nacidos en la misma Comunidad y en la misma provincia

1.734

 77,93

902

77,69

832

78,20

Nacidos en la misma Comunidad, misma provincia y mismo municipio

1.365

61,35

716

61,67

649

61,00

 Nacidos en la misma Comunidad, misma provincia y distinto municipio

369

16,58

186

16,02

183

17,20

Nacidos en la misma Comunidad y en distinta provincia

413

18,56

225

19,38

188

17,67

Nacidos en distinta Comunidad

50

2,25

21

1,81

29

2,73

Nacidos en el extranjero

28

1,26

13

1,12

15

1,41

Fuente: Padrón municipal de Habitantes. Año 2005. Instituto de Estadística de Andalucía.

En este primer capítulo realiza Pitt-Rivers (1994: 40) una hermosa descripción del paisaje grazalemeño:

“Las montañas que rodean a Grazalema se ven secas y con pendientes muy pronunciadas, pero no les falta vegetación. Entre las rocas hay huecos verdes y masas de encinas de abundantes bellotas que son el mejor de los alimentos para los cerdos y con cuya madera se hace carbón para las poblaciones de la llanura. Bajo las peñas grises y arboladas, valles extensos de suelo no muy fértil. Las laderas están cruzadas por cursos de agua que son torrentes unas semanas y el resto del año secos lechos de piedras bordeados por adelfas y lirios. Pero el fondo de los valles está salpicado de fuentes cuyas aguas se deslizan en zigzag marcadas por los álamos, las blancas casas de los huertos, los molinos y las pautas geométricas de los regadíos. Nunca se ha sabido que estas fuentes se secaran, porque se alimentan de reservorios subterráneos rellenados cada invierno con aguas que se filtran a través del suelo horadado.”

El principal cambio en las vistas de los alrededores del pueblo ha sido el nuevo aspecto que presentan las sierras circundantes, que fueron repobladas con pinos en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Esta nueva arboleda ha venido aumentar la belleza del paisaje, dándole mayor verdor, en contraste con los tonos grises de las peñas que ahora predominan sólo en las zonas más escarpadas. En 199 la superficie de coníferas ascendía a unas 1.600 hectáreas.

En lo referente al régimen de lluvias, debe señalarse la creciente sequía de los últimos años. A pesar de ello, no han llegado a agotarse las fuentes del valle a las que alude y que son: Agua Fría, El Nacimiento, El Santo Cristo, La Borreguilla, La Torrecilla, si bien se ha producido una alarmante merma en su caudal.

Por cierto, que Pitt-Rivers no menciona una de las singularidades del pueblo: el ser el municipio con mayores precipitaciones de España, hecho del que se sienten orgullosos, los grazalemeños, junto con detentar el punto más alto de la provincia (El Torreón, 1.654 metros.) y el contar con un bosque de pinsapos, una rara especie endémica de la zona.

En su libro, Pitt-Rivers describe la progresiva crisis económica sufrida por la comarca desde finales del siglo XIX. Este declive fue especialmente agudo Grazalema, importante centro manufacturero y exportador de tejidos de lana así como de vino. La excepción a esta tendencia la suponía Ubrique, que tomó el relevo de centro fabril de la Sierra gracias a su afamada industria marroquinera.

La situación actual está marcada por el declive de la marroquinería ubriqueña y el florecimiento de la actividad turística, con el protagonismo de Grazalema. La industria de la piel de Ubrique ha ralentizado su crecimiento en la última década. Ello ha sido consecuencia de la creciente competencia de países con menores coste de mano obra. Países como India y China continúan avanzando en los mercados internacionales, ofreciendo cada vez mayor calidad y con menor coste de mano de obra. Buena parte de su producción que se hacía por encargo de firmas españolas y extranjeras de productos de gama alta (bolsos, billeteras, maletines, etc.) se ha trasladado a otros países. Durante los años en que estas firmas usaban como proveedores a empresas ubriqueñas no se aprovechó para avanzar en factores tales como la creación de una marca propia asociada a una imagen de calidad y diseño propios, ni en la introducción de innovaciones en nuevas tecnologías y productos, que hubiera permitido generar empresas locales con vocación exportadora que hubieran contribuido generar mayor valor añadido en el pueblo. Precisamente el crecimiento de las exportaciones (a países como Países Bajos, Japón, Hong Kong o Méjico) ha servido para amortiguar un poco la crisis actual. En este sentido, el gran reto de este sistema productivo local de la piel de Ubrique es producir artículos de calidad que, a pesar de su mayor precio relativo con respecto a producciones provenientes del Tercer Mundo (marroquinería hecha en Marruecos o Asia), tengan asegurada una clientela que valore su mejor manufacturación y acabado.

La producción ha crecido ligeramente en los últimos años, detectándose un retroceso de la pequeña marroquinería (carteras, artículos de oficinas, etc) a favor de bolsos, artículos de viaje y cinturones. No obstante, se estima que se están perdiendo puestos de trabajo por la evolución negativa de las altas de la seguridad social y el incremento de los parados.

La economía sumergida a jugado un papel destacado en este sistema productiva local. Muchas tareas se han realizado tradicionalmente en el ámbito doméstico, participando toda la familia en algún proceso de la producción. También han sido y son abundantes los talleres informales o “boliches”. Un reciente estudio de la Consejería de Empleo revela que el 35 por ciento de los ingresos de las familias ubriqueñas procede de la economía sumergida. No es infrecuente el caso de personas que han trabajado toda su vida (desde los siete u ocho años hasta la edad de jubilación) y no han cotizado un solo año a la seguridad social, o han cotizado por escasísimos períodos de tiempo, por lo que no tienen derecho a las pensiones ordinarias, sino a las, no contributivas, de cuantía sensiblemente inferior.

En 2002 se aprobó un Plan Estratégico para el sector. Entre las medidas destacadas se encontraba la propuesta de crear una comercializadora que agrupe a las pequeñas y medianas empresas del sector, para que no dependan de las subcontratas extranjeras, incrementando el valor añadido mediante su comercialización en origen. Las exportaciones suponen una quinta parte de las ventas del sector. En 2003 se elaboró un Plan de Internacionalización para la marroquinería de Ubrique. Se ha puesto en marcha a través de Velartis, una plataforma integrada por un reducido número de empresas que cuenta con la ayuda de la Agencia Andaluza de Promoción Exterior (Extenda), dependiente de la Junta de Andalucía. El año 2005 se creó la Marca de Origen “Ubrique Legítimo”, puesta en marcha por una sociedad mixta integrada por el ayuntamiento, la asociación empresarial Empiel y el sindicato CCOO, que se quiere sirva para competir tanto en el mercado nacional como en el de exportación, frente a imitaciones de peor calidad de los mismos artículos.

Otro aspecto que se ha desarrollado ha sido el de futura creación de una Escuela Especializada en el Diseño y Confección de artículos de piel, con este proyecto se pretende potenciar un diseño abstracto y diferenciarlo de italianos y franceses en el mercado. De esta manera se intentará paliar la escasa formación de directivos y trabajadores, lo que frena los avances de competitividad.

Las crisis anteriores padecidas por la actividad marroquinera ubriqueña fueron debidas a los cambios en la demanda, provocados, a su vez, para los cambios en los hábitos de vida y las pautas de consumo de la población. La primera crisis tuvo lugar cuando dejaron de venderse los paquetes de tabaco de contrabando que se llamaban “cuarterones”. Estos paquetes estaban fuertemente prensados y pesaban 115 gramos, un cuarto de libra. Este cambio supuso la muerte de las llamadas «petacas cuarteronas». Salvaron aquel descenso industrial con 1a fabricación de petacas más pequeñas para picadura suelta y, especialmente, con la fabricación de las pitilleras para contener ajustadamente los paquetes de cigarrillos manufacturados que vinieron a sustituir a los cuarterones y a la picadura.

Así, la sustitución del tabaco de picadura por los cigarrillos ya elaborados, acabó con la venta de las famosas petacas de Ubrique, su producto estrella, hasta el punto de que se solía decir “Ubrique de las petacas”. Luego se dejaron de vender los monederos de bolsillo. Los industriales ubriqueños fueron adaptándose a estos cambios produciendo nuevos productos más demandados, como pitilleras, porta-puros, bolsos, carteras de mano, portafolios, fundas para teléfonos móviles, billeteras, chequeras etc. La marroquinería no sólo supo adaptarse, sino que durante varios años incrementó el número de trabajadores. De hecho, muchos jóvenes de pueblos próximos, como Grazalema, se dedicaban también a esta actividad, realizando alguna fase del proceso de producción que podía externalizarse. La crisis actual no obedece a un desajuste de la oferta o un descenso de la demanda final sino al proceso general de deslocalización de la actividad industrial propia de una economía mundializada. Firmas com Loewe o Christian Dior cancelaron sus pedidos a dos de las fábricas más importantes de la localidad, lo que originó muchos despidos.

Por lo que respecta a la floreciente industria turística grazalemeña remitimos al lector al informe segundo de este trabajo, denominado “Percepción de la figura del parque natural y de los cambios producidos por el desarrollo turístico del pueblo”.

Pitt-Rivers describe los tipos de vivienda existentes en el pueblo (p. 42):

“En el centro, hay elegantes mansiones de tres pisos, construidas en el siglo XVIII por los pañeros ricos.

[..]

Las casas más modestas tienen dos pisos, el superior puede no ser mas que un ático. La parte alta del pueblo está compuesta principalmente de casas de un solo piso donde viven la mayor parte de las familias pobres. Casi todas tienen un pequeño patio trasero, que incluye establo para un animal, galería abierta donde se cocina y una parra.

La únicas construcciones modernas son una fábrica de paños y una villa suntuosa que pertenece a un abogado retirado y está situada a la entrada del pueblo y que, a pesar de que resulta un tanto excéntrica, es muy admirada.”

Los cambios en el caserío del pueblo han sido bastantes. Las viviendas se han acondicionando, contando la práctica totalidad de las actuales con servicios de abastecimiento de agua, saneamiento y cuartos de baño. La mayoría de los patios traseros a que se refiere Pitt-Rivers, o corrales”, donde ser guardaban las bestias (burros, mulos y gallinas, principalmente) y se cultivaban algunas hortalizas, han desaparecido, reconvirtiéndose a nuevos usos, como cocheras, y aumentando la superficie destinada a vivienda. En los últimos años se han rehabilitado y acondicionado gran número de viviendas. Otras se han reconstruido por completo, incluyendo la fachada. En muchas de estas rehabilitaciones y reconstrucciones se ha añadido una tercera planta. En general, pues, se ha producido un re-densificacón de la superficie destinada a vivienda.

Estas reconstrucciones han respetado la fisonomía típica de las casas del pueblo: cubiertas teja árabe, fachadas blanqueadas, ventanas con rejas, etc., características que han estado impuestas por la propia normativa urbanística municipal. Como consecuencia de este proceso de renovación urbana se ha perdido un importante patrimonio arquitectónico y etnológico compuesto por las viviendas tradicionales, cuyos gruesos muros de piedra hacían frescas las casas en verano. Actualmente, al emplearse materiales más modernos, como ladrillos y hormigón, las casas necesitan de aire acondicionado para soportar los tórridos veranos. Como contrapartida, las casas han ganado enormemente en cuanto a sus condiciones higiénico-sanitarias y comodidades.

Los dos edificios modernos que menciona Pitt-Rivers son la fábrica de mantas, situada a la entrada del pueblo y que aún existe, y el chalet de Don Claudio hoy desaparecido.

En una primera fase, la renovación urbana fue sufragada con las remesas de los emigrantes, que arreglaban sus casas o las de sus familiares. En una segunda fase, con el retorno definitivo de muchos emigrados a Alemania, Francia, Bélgica etc, se arreglaron más casas. En los últimos años se ha contado, además, con subvenciones públicas para la rehabilitación.

Con el “boom” turístico han surgido modernas promociones de viviendas destinadas a familias que las usan como segunda residencia, para pasar fines de semana, puentes y vacaciones. Esta demanda turística ha encarecido el mercado. Este tipo de edificaciones se han situado en las zonas de expansión del pueblo, en la parte alta, colmatando progresivamente el espacio entre el límite del suelo urbano y el de la “carretera alta” que bordea el pueblo.

Estos cambios han tenido también como consecuencia que el que ya no resulte cierto ni que las mejores casas estén en el centro del pueblo, ni que sean peores las calles de la periferia.

Pitt-Rivers (1994: 43) describe las formas de construcción y la fisonomía del núcleo urbano:

“Cruzan el monte que rodea a Grazalema las que, en otro tiempo, eran calles donde habitaba una población mayor. Las construcciones son de piedra no labrada, bloques graníticos cogidos de los barrancos, ligados con barro por dentro y por fuera y encalados. De las casas que han caído en desuso, puertas, tejados y ventanas se han removido – gran parte del material fue empleado por los constructores de Montecorto – y las paredes de perfil dentado y pulido han llegado a ser casi indistinguibles de las rocas próximas. Las ruinas sirven ahora de corrales para animales. Las construcciones que han sido abandonadas están a las afueras, de modo que la población parece haberse encogido sobre su núcleo, dejando, entre las ruinas y el monte, calles que sirven de corrales para cabras y cerdos. De este modo ha mantenido la apariencia compacta”.

Debemos señalar que, en realidad, el tipo de piedra utilizada para la construcción de las casas no es la granítica sino la propia de estas sierras, es decir, la caliza, y no se empleaba barro para la argamasa, sino una mezcla de arena y cal. También era frecuente el uso de madera de pinsapo para techarlas. En la actualidad no se usan este tipo materiales autóctonos, sino ladrillos convencionales, cemento, hormigón, y otros elementos constructivos fabricados industrialmente. La fisonomía de los nuevos edificios no se ha modificado sustancialmente, debido fundamentalmente, como se ha dicho, a que la propia normativa municipal obliga a utilizar rejas en ventanas y balcones, la teja árabe como cubierta, puertas de acceso de madera y fachadas encaladas (aunque últimamente se use habitualmente pintura plástica para este propósito en vez de cal). Por este motivo el caserío conserva esa uniformidad.

Al haber desaparecido aquel cinturón de corrales (salvo algunos donde guardan sus perros los cazadores) edificados hoy, en vez de parecer que la población se hubiera encogido sobre su núcleo, lo que se observa es que se ha ampliado su perímetro.

Pitt-Rivers (ibid.) afirma lo siguiente:

“El clima es cálido la mitad del año y la gente pasa mucho tiempo fuera de casa. Las viejas se sientan a la puerta durante el día y los jóvenes cortejan en ese mismo lugar al anochecer. Puede decirse que las calles de Grazalema son el centro social de una comunidad que se expande ocho kilómetros a la redonda.”

Desde luego, la afirmación sobre que el clima es cálido la mitad del año podría ser cierta para un británico, pero no así para los grazalemeños, que se han quejado siempre de sus fríos e interminables inviernos. El clima de Grazalema se caracteriza por lluviosos otoños, lluviosas primaveras y los frios y aun más lluviosos inviernos.

La situación de aislamiento a que se refiere Pitt-River (1994: 43) al referirse a la población que no vive en los núcleos de Grazalema o Benamahoma, ha cambiado sustancialmente:

“El resto son verdaderamente habitantes del campo, gente que vive aislada en las fincas, molinos o chozas que hay en el valle.”

Actualmente disponen de electricidad y pueden contar con toda clase de electrodomésticos. También ha disminuido su aislamiento la disponibilidad de teléfonos móviles, la existencia de buenos carriles, y el disponer de vehículos adecuados. Por otra parte, nadie vive ya, ni en la Sierra, los Montes o el Valle, en chozos, como ocurría en aquellos años.

Otra situación que ha cambiado es la que describe a continuación:

“Casi todas las familias que viven en el campo son propietarias de casas en la población.

Estas casas permanecen vacías la mayor parte del año, siendo usadas sólo para almacenar el grano que debe ser ocultado de la mirada del inspector y para alojar a la familia cuando viene a residir a la población” (op. cit.:  44).

Aunque también hoy casi todas las familias que viven en el campo tienen casa en el Pueblo, algunas de éstas ya no permanecen vacías la mayor parte del año; se alquilan los fines de semana a los turistas. Por otra parte, el porcentaje de población que reside en el campo ha descendido notablemente, no alcanzando más que un 8,7 % del conjunto de la población, frente al 25 % que señala Pitt-Rivers (ibid.).

La situación de Benamahoma también ha cambiado:

“La gente me explicó que ‘Benamahoma es una calle de Grazalema’. Y esto a pesar del hecho de que diez kilómetros y una montaña separan a las dos localidades” (op. cit.: 44).

Administrativamente Benamahoma sigue perteneciendo a Grazalema, sin embargo ha crecido bastante en los últimos años, también por la demanda de segundas residencias vacacionales y por el turismo. De hecho, no son raros los comentarios del tipo “cualquier día querrán independizarse”.

También se advierten cambios en lo tocante a la hostilidad y los estereotipos sobre los pueblos vecinos:

“Para el grazalemeño, los de Ubrique son fanfarrones y falsos, los de Montejaque necios y violentos, los de Villaluenga tacaños, los de Zahara borrachos, tirando siempre de navaja” (op. cit.: 45-46).

“Ubrique es una rica población que tiene dos veces más habitantes que Grazalema. Por su mayor riqueza representa una amenaza y podría desplazar a Grazalema como cabeza judicial de la región. Desde luego hay más animosidad contra Ubrique que contra cualquier otra población” (op. cit.: 46)

Actualmente, aunque persiste, la hostilidad hacia los vecinos ha descendido, tal vez como consecuencia del mayor nivel cultural de la población y una mayor convivencia entre personas de distintos pueblos motivada por el incremento de la movilidad.  En el caso particular de Ubrique, han cambiado algunas circunstancias en las que Pitt-Rivers basaba esa hostilidad. Hoy Ubrique atraviesa un profunda crisis debido al declinar de su industria de la piel, mientras que Grazalema progresa. Esta circunstancia hace que los grazalemeños perciban más favorablemente a sus vecinos y piensen que ha disminuido su fanfarronería. Por otro lado, ha desaparecido el temor a que la cabeza de partido judicial de Grazalema pasase a Ubrique, pues finalmente se ubicó en Arcos de la Frontera. Manifestaciones violentas de esta hostilidad, especialmente cuando el forastero tenía intenciones de cortejar a alguna muchacha del pueblo, como la costumbre de meterle la cabeza en el abrevadero del pueblo, apalearlo o apedrearlo, han prácticamente desaparecido, salvo algún incidente aislado. El incremento de los matrimonios entre parejas de distintos pueblos, especialmente entre muchachos y muchachas de Grazalema y Zahara, es una prueba de estas relaciones más cordiales entre los pueblos.

La rivalidad entre pueblos, cuyas manifestaciones más o menos violentas tenían lugar frecuentemente en las respectivas festividades, ha adoptado formas más civilizadas, como enfrentamientos deportivos. La tendencia al debilitamiento de la hostilidad entre los pueblos cercanos, que ya apreciara Pitt-Rivers, ha continuado hasta hoy:

“En tiempos recientes se ha producido un debilitamiento del espíritu de chauvinismo local” (op. cit.: 48).

Con todo, hemos de decir que todavía en los años ochenta presenciamos y sufrimos una emboscada con apedreamiento por parte de chavales en Benaocaz en las proximidades del pueblo – veníamos caminando desde Grazalema –, con motivo de nuestra ida a las fiestas del Toro de Cuerda.

Por su parte, el debilitamiento en las diferencias del habla entre los distintos pueblos, ya apuntado por Pitt-Rivers, se ha acrecentado aún más, especialmente entre los más jóvenes:

“Hay, de un pueblo a otro, diferencias en el habla, tanto en el acento como en el vocabulario. Benaocaz pronuncia la ‘ll’ como en Castilla y no como una débil ‘y’, como en los pueblos de alrededor. Hay entonaciones distintivas en el habla de Zahara, Algodonales, Montejaque y Villaluenga que permiten, según se cree, decir de dónde es un hombre tan pronto comienza a hablar. Entre Grazalema y Ubrique hay poca diferencia en la entonación, pero la hay mayor en el vocabulario y en el uso del lenguaje” (op. cit.: 48-49).

A este respecto, podemos dar fe de estas diferencias incluso en la actualidad. Nos ha ocurrido en más de una ocasión, estando en ciudades distantes como Sevilla o Granada, escuchar hablar a una persona y notar inmediatamente, por su acento, que era de Ubrique o de Zahara de la Sierra, preguntarle por su origen y corroborar nuestra impresión. La atenuación de las diferencias puede estar acrecentándose por varios motivos, como la exposición a las modalidades de habla de los medios de comunicación, el contacto prolongado con jóvenes de otras localidades durante los estudios de enseñanza secundaria etc. Así, cuanto más aislado ha estado un joven, más diferenciado y genuino es su acento. No tiene el mismo acento, por lo general, el que ha pasado la mayor parte de su tiempo guardando cabras y hablando cotidianamente con un estrecho número de personas, que el que ha estudiado en Ubrique o Ronda. Muchas de las diferencias culturales entre los pueblos también tienden a desaparecer. Así, las diferencias en las formas de cortejo que describe Pitt-Rivers (en unos pueblos en la puerta de la casa, en otros en las ventanas enrejadas) (op. cit.: 49) han desaparecido, pues ahora las muchachas pueden encontrarse con sus novios en la calle, en bares o en discotecas. Por otra parte han desaparecido los frecuentes «bailes», que daban oportunidad de relacionarse a los muchachos.

Muchas diferencias en la cultura material también han desaparecido:

“Los hombres transportan sus comidas cuando van al trabajo, los de un pueblo en un bolso hecho de hoja de palma tejida, los de otro en una cesta de mimbre, los de otro en una bolsa de algodón. En Grazalema los colchones están rellenos de lana, incluso en las casas más pobres. En Montecorto, donde la gente es en general menos pobre, muchos están rellenos de paja” (op. cit.: 49).

Hoy día la inmensa mayoría de los colchones son de muelles, material sintético y, más modernamente, de látex.

El Capítulo II, comienza con una descripción del entramado institucional del pueblo acercándose a él no desde el punto de vista abstracto de la Ley, sino desde la óptica de su efectivo funcionamiento y de sus consecuencias para el pueblo. Se describe las figuras del Gobernador Civil, la Diputación Provincial, los Partidos Judiciales etc. En este sentido, los cambios más importantes son la desaparición de la figura del Gobernador Civil y la creación de los Gobiernos Regionales de las distintas comunidades autónomas. El Partido Judicial de Grazalema ha desaparecido, entrando a formar parte del Partido Judicial de Arcos de la Frontera. Un aspecto que subsiste es que la mayoría de los funcionarios siguen siendo, salvo contadas excepciones, de fuera de la población:

“Los funcionarios son casi todos de fuera, destinados aquí por el Estado (aunque pueden recibir su salario del Ayuntamiento) y sólo temporalmente son parte de la comunidad del pueblo” (op. cit.: 52).

El sentimiento de pertenencia a la comunidad continúa teniendo menos fuerza en estas personas que en el resto de los vecinos, porque aspiran a ocupar cargos en poblaciones de mayor importancia.

“[...] La mayoría de los grandes terratenientes, aunque son hijos del pueblo, viven en Málaga o en Jerez, a una distancia de cien kilómetros y vienen a Grazalema únicamente a pasar el verano. El sentimiento de solidaridad con el pueblo tiene mucha menos fuerza entre esta gente, porque, sean hijos del pueblo o no, sus ambiciones e intereses tanto sociales como materiales, apuntan a horizontes más amplios. ‘Este pueblo está muerto’, ‘Nunca ocurre nada en él’, se lamentan. Salvo quizá las mujeres mayores, muy pocos dejarían de irse a ciudades más grandes si tuvieran la oportunidad de hacerlo. (Hace unos cuarenta años, algunas familias ricas vendieron sus tierras y se mudaron a otro lugar.)” (op. cit.: 52).

La descripción realizada por Pitt-Rivers de la situación del pueblo y de la actitud del grupo dirigente ha cambiado en la medida en que el pueblo en este momento vive un creciente auge de la actividad turística e inmobiliaria. Con todo, como se ha apuntado anteriormente, las oportunidades de desarrollo profesional en el pueblo son bastante reducidas. Antes, especialmente los Guardias Civiles, buscaban ser trasladados a otras ciudades dotadas con Institutos donde sus hijos pudieran cursar sus estudios secundarios. Hoy, teniendo cubierta esa necesidad en el pueblo, las razones son la búsqueda de ascensos y también la posibilidad para sus hijos de realizar estudios superiores.

Según la opinión de varios informantes la relación entre los vecinos y los miembros de la Guardia Civil es escasa y menor de lo que era antes.

Un aspecto que ha variado enormemente son los desplazamientos de las personas y, por tanto, sus horizontes y su percepción del entorno. Así, la afirmación de Pitt-Rivers sobre que “los viajes que no sean a pié son caros y, hacerlos por otros motivos que no sea el ir de negocios, es un lujo que pocos pueden permitirse” (op. cit.: 52-53), ha dejado de tener validez en la actualidad, así como esta otra:

“Se requiere un permiso especial para abandonar Andalucía e ir a trabajar a otra parte. Algunos ni siquiera han ido nunca a Ubrique y otros nunca han estado en Ronda. Quien ha visto el mar, y no desde lo alto de una montaña, es que ha viajado y aunque muchos han estado en África o en los Pirineos haciendo el servicio militar, tal experiencia es algo aparte, como la de tener un pariente en América, lo que hace saber que existe otro

mundo; pero todo esto no afecta para nada a la vida diaria de la comunidad” (op. cit.: 53).

Hoy día, persones de todas las edades, principalmente jóvenes, se desplazan con frecuencia semanal a distintos puntos de Andalucía en viajes de ocio, empleando para ello sus propios automóviles.

Parque de vehículos. Turismos.

Turismos (Año 2003)

Habitantes (Censo 2001)

Turismos/1000 habitantes

Benaocaz

215

656

328

Bosque (El)

697

1.922

363

Grazalema

704

2.195

321

Ubrique

5.644

17.396

324

Villaluenga del Rosario

119

418

285

Zahara

516

1.499

344

Total

7.895

24.086

328

Fuente: Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía.

Tanto el Ayuntamiento como la Parroquia organizan excursiones en autobús a distintos lugares de España, varias veces al año. Y llegado el otoño, temporada baja para el turismo, la Junta de Andalucía, a través del IMSERSO (Instituto de Mayores y Servicios Sociales) ofrece a los mayores desplazarse, a precios muy asequibles, tanto para el transporte como para el hospedaje, hacia zonas turísticas excelentes, tanto a la Península como a Baleares o Canarias.

Pasó a la historia e1 que la juventud no tuviera más posibilidad que el servicio militar obligatorio para salir de Grazalema. Por otra parte, la obligatoriedad de servicio militar fue suprimida en 2002. Hoy día los jóvenes grazalemeños pueden permitirse viajar al extranjero. Algunos lo han hecho, por ejemplo, gracias al programa de ERASMUS que permite a estudiantes universitarios cursar estudios en otro país de la Comunidad Europea. Hace unos años los jóvenes sólo tenía oportunidad de conocer otros países cuando se veían forzados a emigrar a Alemania o Bélgica.

Pitt-Rivers destaca la importancia política del municipio, el cual sigue siendo en la actualidad una pieza clave del entramado político e institucional del país, la unidad política básica:

“La concentración de poder político al nivel municipal parece tan natural en Andalucía que, aunque ha servido de base sobre la que se asentó el sistema del caciquismo, la doctrina del anarquismo, el movimiento que atacó ese sistema, nunca lo cuestionó” (op. cit.: 53).

En este epígrafe nos hemos permitido realizar un excurso sobre esta cuestión. En él nos se trata de ver los cambios ocurridos en los últimos años, sino de proporcionar nuestra visión sobre la cuestión que plantea aquí Pitt-Rivers. Para entender la importancia política del municipio, ha de tenerse en cuenta que la autonomía municipal tiene en España una larga tradición debido, entre otros factores, a la reconquista. Durante los siglos en que fueron arrebatándose territorios a los moros, la ocupación y colonización de estos territorios, muchas veces inseguros por su carácter fronterizo, era favorecida por el otorgamiento de fueros que concedían derechos políticos de autogobierno así como bienes comunales. Por otra parte, como apunta Brenan (1996: 47), en España no existió nunca, salvo de forma muy localizada geográfica y temporalmente – en el reino de Aragón –, un verdadero feudalismo.

Precisamente, Grazalema es buen ejemplo de ello, pues mantuvo una prolongada disputa durante los siglos XVI y XVII por la defensa de sus derechos frente a los intereses de la Casa de Arcos (Pinillos, 1987: 58-59). La mayoría de estos pleitos fueran a cuenta de la usurpación de montes comunales y derechos sobre pastos.

Debemos recordar, por otra parte, la importancia que tuvo en España el republicanismo Federal liderado política e ideológicamente por Francisco Pi y Margall. Pi y Margal fue el primer presidente de la Primera República Española, entre 1873 y 1874. Sus ideas estaban influidas en buena medida por el socialismo de Proudhon.

El anarquismo no sólo no cuestionó “la concentración del poder a nivel municipal”, como afirma, sorprendido, Pitt-Rivers, sino que fue una pieza clave del anarquismo ibérico. Y ello es así porque las bases ideológicas y sociales sobre las que se asentó originalmente el anarquismo fueron las del republicanismo federal. El republicanismo federal defendía un democracia radical, que partiendo del respeto a los derechos inalienables del individuo, se articulara territorialmente sobre la base de la libre federación de municipios, cantones y regiones. En las visiones más comunes dadas por algunos autores extranjeros, entre ellos Brenan en El Laberinto Español y, a partir de él, el propio Pitt-Rivers y, de forma más simplista, Hobsbawm en Rebeldes primitivos, se presenta un versión del anarquismo como un movimiento que arraiga psicológicamente en las masas campesinas incultas y primitivas como un suerte de nuevo cristinanismo igualitario e ingenuo.

Nuestro punto de vista es bastante distinto. El arraigo del comunismo libertario y del anarquismo en Andalucía y, en particular en la provincia de Cádiz, no podría entenderse sin el republicanismo federal que le antecede. El republicanismo federal tuvo una de sus áreas más dinámicas en Andalucía. Sus bases, formadas por artesanos y miembros de la pequeña burguesía, defendían un República, laica, anticlerical e igualitaria en relación a los derechos de hombres y mujeres. Además, consideraban a Andalucía como realidad nacional.

Un buen ejemplo de sus posiciones políticas es la Constitución Federal Regional para Andalucía, aprobada en Antequera en 1883. De ella citamos un par de artículos:

1º: “Andalucía es soberana y autónoma; se organiza en una democracia republicana representativa, y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior al de las autonomías cantonales que le instituyen por este Pacto”.

10º “Ni el pueblo soberano constituido en Municipio, ni los Municipios aliados en Cantón, ni los Cantones federados regionalmente podrán cohibir, mermar, o lesionar bajo pretexto alguno la Autonomía humana”

La Revolución Cantonal fue un movimiento político que tuvo lugar durante la Primera República Española. Se desencadena en julio de 1873, cuando estalla la insurrección en Cartagena bajo el nombre de Revolución Cantonal. Esta insurrección estuvo precedida por una huelga general revolucionaria en Alcoy. El movimiento se extendió rápidamente en otras regiones de Valencia, Murcia, Andalucía y Extremadura. Este movimiento era partidario de un federalismo de carácter radical y trataba de establecer una serie de ciudades o confederaciones de ciudades (cantones) independientes que se federarían libremente. El cantonalismo tuvo una gran influencia en el naciente movimiento obrero, sobre todo anarquista.

A este movimiento, esencialmente urbano e instruido, y con bases en la pequeña burguesía, profesionales liberales y en artesanos, lo califica Hobsbawm como campesino y aldeano:

“[..] El cantonalismo, es decir, la exigencia de la independencia aldeana, característica de todos los movimientos campesinos españoles” (Hobsbawm, 1968: 107).

La mayoría de los cantones suprimieron monopolios, reconocieron el derecho al trabajo, la jornada de ocho horas y terminaron con los impuestos sobre consumo (“derecho de puertas”). Las tendencias socialistas y anarquistas e internacionalistas del movimiento cantonal fueron especialmente importantes Cádiz, Sevilla y Granada.

Una figura que representa bien a las claras, en su propia biografía, la transición entre el Republicanismo Federal y radical y el anarquismo, la tenemos en Fermín Salvochea.  Fermín Salvochea y Álvarez, nacido en Cádiz en 1842, es una de las figuras fundamentales del anarquismo andaluz. Sirvió de guía a varias generaciones de anarquistas. Entre sus discípulos más sobresalientes debemos mencionar al sevillano Pedro Vallina, y al grazalemeño José Sánchez Rosa. Sánchez Rosa fue el promotor de la Regional Andaluza de la Primera Internacional. De éste último dice Jacques Maurice en El Anarquismo andaluz (1990: 170-171) lo siguiente:

“Conocemos la personalidad de José Sánchez Rosa (1864-1936) gracias a Díaz del Moral, que veía en él al propagandista anarquista por excelencia. […] Reconozcamos ante todo que nos encontramos en presencia de una figura que, desde todos los puntos de vista, es representativa del movimiento libertario de su tiempo: nativo de Grazalema – precoz y vivaz foco anarquista –, hijo de zapatero, autodidacta que completó su formación en la cárcel, junto a Salvochea, pertenecía a la generación siguiente a la del maestro”.

Salvochea era hijo de una familia acomodada, estudió en Inglaterra, y a su vuelta se convirtió en un revolucionario. Primero en las filas del republicanismo federal, más tarde en el anarquismo. A la edad de 15 años Salvochea fue enviado por sus padres a estudiar comercio e idiomas en Inglaterra, donde tomó contactando con los círculos intelectuales radicales, progresistas y humanistas. A su regreso a Cádiz en 1863 es un convencido internacionalista, ateo y comunista libertario. En 1868 participa en el levantamiento revolucionario de Cádiz desde posturas democráticas y republicano-federales y destaca en la lucha en las barricadas. Aplastado el movimiento insurreccional, Salvochea es detenido, y se declara el único responsable del levantamiento de la ciudad, siendo encarcelado. En 1869 es amnistiado. Proclamada la Iera República en 1873, es elegido alcalde de Cádiz. Entre otras medidas, implantó la jornada laboral de 8 horas. En el mes de julio, encabeza la proclamación cantonal en Cádiz, desde la presidencia del Comité de Salud Pública de la provincia.

Tras definir el caciquismo como “Un sistema de ‘jefes políticos» que estuvo en boga durante el período que va de la segunda guerra carlista hasta la primera dictadura” Pitt-Rivers (1994: 53), con el fin de aclarar este término, nos remite a la obra Gerald Brenan, The Spanish Labyrinth (1943). Brenan, en su excelente obra, describe con detalle y exactitud el régimen político instaurado con la restauración, y cuyo carácter democrático no era más que una farsa. Los partidos liberal y conservador, por otra parte, sin demasiadas diferencias entre sí salvo en sus actitudes con respecto a la Iglesia, se iban turnando en el poder. Los resultados de las elecciones estaban decididos de antemano y el fraude se articulaba meidante dos mecanismo, el pucherazo y la manipulación de los votos y actas en las grandes ciudades, y el caciquismo en pueblos y villas. Así, desde el inicio de la restauración en 1874 hasta la llegada de la Segunda República en 1923 la democracia no consistió más que en una gigantesca ficción.

Con respecto al la figura del cacique nos hemos permitido citar con extensión a Brenan (1996: 42):

“El cacique – palabra derivada de otra de los indios de América, que significaba ‘jefe’ –  era un hombre, generalmente terrateniente, quien a cambio de ciertos privilegios no escritos organizaba políticamente el distrito por cuenta del gobierno.

Lo más probable es que siempre haya habido caciques en España; los romanos debieron considerarlos útiles, sin duda, cuando se trató de romper la resistencia de las tribus celtibéricas. En todo caso, los escritores del siglo XVII se quejan de ellos, y los del siglo XVIII hablan de su existencia como azote del país. Pero fueron los gobiernos constitucionales y el voto popular los que, en verdad, les invistieron de su fuerza real. La época de florecimiento del caciquismo hay que situarla entre 1840 y 1917; a partir de esta fecha, la aparición y consolidación de una verdadera opinión pública y de un auténtico cuerpo de votantes empezaron a desposeerlos de su influencia. Las obligaciones del cacique para con el gobierno consistían en hacer que los candidatos ministeriales resultasen elegidos, a cambio de los cual disfrutaba de la protección de los gobernadores civiles, de los jueces y magistrados y, naturalmente, del apoyo activo de la policía. En casi toda España, con la única excepción del País Vasco, los caciques eran prácticamente omnipotentes. Ellos designaban los alcaldes en las ciudades pequeñas y en las aldeas, controlaban a los jueces locales y demás funcionarios públicos, y a través de ellos se establecía el reparto de impuestos. Sus principios fiscales eran reducidos a uno: eximirse y eximir a sus amigos del pago de impuestos, y cargar el doble o el triple sobre sus enemigos. Usurpaban, por otra parte, los terrenos comunales, invadían con sus rebaños las tierras cultivadas de los otros, y desviaban los canales de riego del vecino en beneficio de sus propios campos. Si algún malaconsejado pretendía levantarse contra tal estado de cosas, procesos inacabables se abatían sobre él, y terminaba arruinado.

[…]

En Andalucía, su conducta era particularmente ofensiva y violenta. Durante la primera mitad del siglo pasado, estos caciques tuvieron estrechas relaciones con los bandidos y, hasta comienzos de nuestro siglo, mantenían bandas de matones que apaleaban y aun eliminaban a cualquiera que se atreviese a enfrentárseles. En las épocas de elecciones, estas bandas eran llamadas el ‘Partido de la Porra’, e incluso en las mismas elecciones revolucionarias de1868, a despecho de la oposición del gobierno y de todo el país, continuaron manteniendo su presa sobre los ayuntamientos andaluces. En fecha ya mucho más próxima a nosotros, en 1920, y en el pueblecillo en que vivía el autor de este libro, el cacique asesinó a un hombre en la carretera, en pleno día y presencia de una docena o más de personas; y aunque el asunto le costó bastante dinero, ni él ni sus cómplices fueron condenados a pena alguna.

Los caciques principales eran personas ricas que controlaban gran cantidad de aldeas y a cuyas órdenes actuaban caciques de rango inferior, los cuales, a su vez, tenían probablemente todavía otros a su servicio. A veces sucedía que en la ciudad o villa había no uno sino dos caciques: uno liberal y otro conservador, los cuales, a despecho del «acuerdo de caballeros» convenido por los políticos de Madrid, vivían en un estado de feroz rivalidad.”

Sería, desde luego, completamente desproporcionado e incierto plantear siquiera la supervivencia del caciquismo entendido en los términos descritos anteriormente en la España de hoy, donde existe un sistema político en el que sufragio se realiza con garantías democráticas. No obstante, el Diccionario de la Lengua Española admite una acepción más general de la palabra caciquismo: “Intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder o influencia”.

En este sentido más general, muchos entrevistados no vacilarían en manifestar su acuerdo con la idea de que ha existido en Grazalema durante el período democrático del último cuarto del siglo pasado y lo que llevamos del presente, una nueva forma de caciquismo, consistente en la concentración y abuso de poder por parte del Alcalde. Lo curiosa de estas impresiones es que son compartidas por personas de tendencia política muy dispar. Así, esta opinión es sostenida por personas de la derecha más conservadora y a la vez, por personas con posturas políticas a la izquierda del partido socialista y por miembros de asociaciones ecologistas. Por otra parte, estas últimas han sido, y en particular Ecologistas en acción, las únicas capaces de plantar cara al entramado de poder local-provincial-regional del Partido Socialista, mediante sus campañas de denuncias y sensibilización contra los desmanes urbanísticos.

En octubre de 2004 el grupo del Partido Popular (PP) anunció su intención de presentar una moción de censura contra el alcalde, Antonio Mateos, del PSOE, que llevaba en el cargo desde de las primeras elecciones democráticas municipales, en 1979, acusándole de incumplir los acuerdos plenarios y de sumir a esta localidad de la sierra gaditana en el “más absoluto desgobierno”. Antonio Mateos era el único Alcalde de la provincia de Cádiz, y uno de los pocos en toda Andalucía y España, que llevaba gobernando ininterrumpidamente desde aquellas elecciones. El PSOE gobernaba en minoría con cinco concejales. El PP, principal partido de la oposición, tenía cuatro ediles y el Partido Andalucista e Izquierda Unida uno cada uno. Para que prosperase la moción de censura el PP necesitaba el apoyo de las otras dos candidaturas. Entre otras acusaciones se le reprochaba sus actitudes dictatoriales, el uso sospechoso del coche oficial, con el que tuvo un accidente a altas horas de la madrugada (según se rumoreaba en el pueblo por ir bajo los efectos del alcohol), algunas decisiones urbanísticas de dudosa legalidad muy criticadas por los ecologistas y la utilización partidista de la radio municipal. El 11 de octubre de 2004, pocos días después del anuncio de la intención de presentar la moción de censura por parte del PP, se produjo la dimisión del Alcalde. Según sus declaraciones (El País, 11/10/2004) se trataba de una decisión “ ‘personal y libre de presiones’ que tomó hace meses”. Según las fuentes que hemos consultado, hubo un pacto entre las fuerzas políticas, de manera que si el Alcalde dimitía y era sustituido por otra persona de su partido, los populares retirarían la moción de censura. También se rumoreó que Antonio Mateos recibió presiones de su propio partido para que se retirara de la alcaldía.

Se da la circunstancia de que la nueva Alcaldesa, María José Lara, número dos del PSOE local, es sobrina del ex-alcalde. Dos meses más tarde de su dimisión Antonio Mateos fue nombrado coordinador en la Sierra gaditana de la empresa pública Desarrollo Agrario y Pesquero (DAP) dependiente de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía, cargo que no existía en dicha empresa con anterioridad. El PP denunció ante la prensa dicha contratación por “enchufismo”. El abuso de poder por parte del Alcalde, su autoritarismo, que podríamos calificar como neo-caciquismo, se basa en que éste controla el acceso a determinados recursos (peonadas, cursos de formación, subvenciones para la creación de negocios o para la rehabilitación de viviendas, etc.) y a la vez puede facilitar o dificultar determinados permisos o licencias. Por otra parte, determinados recursos que tienen su origen en programas estatales o autonómicos son administrados y distribuidos a nivel local por el ayuntamiento que tiende a ser percibido por la población como el generador de tales recursos. De este modo, en la medida en el que el Alcalde puede conceder favores o, al revés, poner dificultades a los ciudadanos, se crean las condiciones para la creación de una red de clientelismo.

Un aspecto que hasta cierto punto persiste son las escasas relaciones económicas entre los pueblos limítrofes:

“El mercado principal de los productos de la zona se encuentra en ciudades grandes como Ronda, Jerez, Cádiz, Sevilla y Algeciras. Su economía se complementa hoy más con estos centros de comercio que con los pueblos vecinos de la sierra” (Pitt-Rivers, 1994: 55).

El Anuario Económico de España publicado por La Caixa (2003), distingue en el área geográfica en que se inserta Grazalema dos áreas de mercado cuyos centros son, respectivamente, Ronda y Ubrique, con predominio de la primera, cuya cuota de mercado es más del doble que la de Ubrique. La evolución del número de comercios minoristas pone de manifiesto que ambas ciudades están consolidando su centralidad en las actividades detallistas en el quinquenio de 1987 a 2003, aumentando el número de comercios en mayor número que los municipios dependientes. El desglose por actividades (alimentación, no alimentación y mixtas) revela una mayor diversificación del comercio minorista en Ronda que en Ubrique, especialmente en el sector no alimentario.

Por el contrario, la especialización de Ubrique en actividades manufactureras (como la piel y el cuero) y la construcción, hace que las actividades mayoristas presenten valores semejantes en ambos núcleos.

A considerable distancia de los dos municipios anteriores figuran las cuotas de mercado de las subcabeceras comarcales de Prado del Rey que también presentan evoluciones ligeramente positivas y una mayor diversificación del comercio minorista respecto a otros núcleos de menor tamaño. En el comercio mayorista se observa un número mayor de empresas en dos municipios de tradición manufacturera, que son Prado del Rey (dedicado a la piel y el cuero) y Benaoján, con cierta concentración en las industrias cárnicas. Finalmente, en los pequeños municipios se observa una evolución más positiva del comercio minorista en núcleos con cierta especialización productiva emergente, como Grazalema, por el auge del turismo rural y Benaoján.

La escasa vertebración socioeconómica y la débil cooperación empresarial entre los municipios de la comarca ha sido puesta de manifiesto por los diagnósticos elaborados para en el Plan de Desarrollo de la Sierra de Cádiz (elaborado por el CEDER “Sierra de Cádiz” para gestionar la iniciativa Leader dentro del “Marco Comunitario de Apoyo” en el período 2000-2006) y el Plan de Desarrollo Sostenible del Parque Natural de la Sierra de Grazalema. El CEDER “Sierra de Cádiz” nació en 1991, con objeto de llevar a cabo acciones que contribuyesen al desarrollo económico en el entorno rural de diferentes municipios de la Sierra de Cádiz. Su actividad principal ha sido la gestión de las iniciativas comunitarias Leader I y Leader II y Leader Plus. Además, ha participado en otros programas comunitarios, como el Proyecto Agua, de la Iniciativa Youthstart (para la formación y empleo de jóvenes entre 16 y 20 años); el Proyecto Tierra, de la Iniciativa Adapt (para la formación y reciclaje de trabajadores en las nuevas tecnologías); y el Proyecto Aire, de la Iniciativa Now (para la formación y empleo de la mujer rural).

Los CEDER, tanto el de la Sierra de Cádiz como el de la Serranía de Ronda, han apoyado el asociacionismo empresarial en la comarca, mediante de la Asociación de Turismo Rural “Sierra de Cádiz”, la Asociación de Calidad de los Productos Agroalimentarios de la Sierra de Cádiz y el Consejo Regulador de la Denominación de Origen del Aceite de la “Sierra de Cádiz”. Además, realiza distintas acciones encaminadas a la mejora de la formación profesional; apoyo a la pequeñas y medianas empresas de artesanía y servicios a la población; valorización y mejora de la comercialización de las producciones agrícolas; conservación y promoción del patrimonio cultural, y conservación y mejora del medio ambiente y del entorno.

Por otra parte, la Consejería de Empleo y Desarrollo Tecnológico de la Junta de Andalucía puso en marcha en 2003 un nuevo modelo de desarrollo local, basado en principios de participación, consenso y cooperación con las Corporaciones Locales. Su objetivo es generar las condiciones más favorables para la creación de empleo y ofrecer a los habitantes los servicios de la Consejería en su propio territorio. Para la implantación de este modelo ha creado las Unidades Territoriales de Empleo, Desarrollo Local y Tecnológico (UTEDLT), constituidas bajo la figura de consorcios. Se conciben como un instrumento integral para el desarrollo local, el fomento del empleo y el desarrollo del tejido productivo, así como un elemento dinamizador de los recursos existentes y potenciales que posee el territorio andaluz.

Otros organismos a tener en cuenta son los Agentes de Empleo y Desarrollo Local (AEDL), y las Oficinas Comarcales Agrarias (OCA). Los primeros, realizan las funciones y actividades asociadas al área de fomento y desarrollo local, mediante proyectos de diversificación de la estructura socioeconómica local y la creación de nuevos empleos. Entre las actividades realizadas por las OCA se encuentran la gestión de las ayudas y subvenciones otorgadas a los agricultores y ganaderos; el control de la sanidad e higiene animal, así como el de los residuos de las explotaciones, en tanto que afecten tanto al bienestar animal como a la salud pública. En el área de influencia socioeconómica del Parque Natural existen dos Oficinas Comarcales Agrarias. La OCA de la Sierra de Cádiz tiene su sede en Olvera y la de de la Serranía de Ronda tiene su sede en dicha ciudad. Esta última está realizando una valiosa divulgación de la agricultura ecológica mediante jornadas, cursos y charlas y labores de promoción de los vinos y quesos de denominación de origen Serranía de Ronda.

Las características geográficas de la Sierra de Grazalema, con dificultades en la comunicación vial, han favorecido la aparición de un asociacionismo de carácter fundamentalmente local. Entre dichas asociaciones predominan las culturales y recreativas (incluidas las de carácter deportivo), con un 39 % del total. Las asociaciones culturales presentan un carácter muy heterogéneo, reuniendo desde asociaciones de teatro a agrupaciones musicales. Entre las asociaciones recreativas se encuentran los clubes de la tercera edad, que se han incrementado durante los últimos años, impulsados por el desarrollo de las políticas sociales de las distintas administraciones. Las asociaciones deportivas pretenden promocionar la participación en las distintas competiciones de ámbito local, provincial y regional. Las asociaciones de vecinos se sitúan en segundo lugar, con un 12 %, mientras que las asociaciones educativas representan un 10 %, siendo mayoritariamente asociaciones de padres de alumnos. Sólo en dos de los municipios (Benaoján y Montejaque), no existen asociaciones de este tipo.

Las asociaciones de carácter económico, sobre todo asociaciones de empresarios y profesionales, representan el 5 % del total, bastante menos que las asociaciones de carácter religioso (7,7 %) o las asociaciones políticas (8,7 %). Por último, las asociaciones de defensa de la naturaleza y el medio ambiente son el 3,6 % del total, representando las asociaciones de consumidores y las asociaciones de promoción de la igualdad un 2 % cada una de ellas. Estas últimas incluyen aquellas asociaciones que trabajan en beneficio de colectivos sociales que conocen algún tipo de discriminación o desigualdad de oportunidades, sobre todo asociaciones de mujeres promovidas por los Centros de la Mujer.

Apenas existen asociaciones de carácter comarcal, siendo la participación e implicación de la población local bastante baja. Además, la escasa relación entre las asociaciones, salvo para la búsqueda de subvenciones, impide aprovechar las ventajas que supone compartir conocimientos y experiencias para el impulso de actitudes emprendedoras.

Finalmente, el excesivo número de actores públicos con competencias en el Parque Natural dificulta la coordinación institucional entre los mismos, lo que resta efectividad a sus actuaciones. Destaca también la inexistencia de una Mancomunidad de Municipios que incluya a los municipios malagueños del Parque Natural, lo cual fomenta la descoordinación y la falta de motivación entre los actores locales.

El Plan de Desarrollo Sostenible del Parque Natural de la Sierra de Grazalema, elaborado por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en 2004, señala en su diagnóstico sobre la economía de los municipios que componen el área de influencia socioeconómica del Parque, la falta de coordinación y cooperación intermunicipal, especialmente entre los de las provincias gaditana y malagueña.

Finalmente, las desavenencias políticas entre alcaldes de distintos partidos políticos ha sido otro factor que ha limitado la cooperación empresarial y municipal entre los distintos municipios. Un ejemplo de ello fue la polémica ocurrida en 2001 entre los alcaldes de Villamartín y Grazalema que se plasmó en sendas cartas al Director publicadas en el diario de tirada nacional El País, los días 8 y 19 de abril. En la réplica al alcalde Grazalema, el de Villamartín le acusaba de boicoterar La Feria de Muestras y Promoción Turística Sierra de Cádiz.

En la evolución de la economía del pueblo de Grazalema, considerándola en el largo plazo, cabe distinguir tres grandes períodos. El primero abarca desde siglo XVIII hasta el segundo tercio del siglo XIX, cuando Grazalema es un pujante centro manufacturero textil, da trabajo a miles de obreros y exporta una gran cantidad de paños al resto de la provincia, otras regiones e incluso a América, utilizando para ello la proximidad del puerto de Cádiz. A la vez, Grazalema es un importante centro administrativo, cabeza de Partido Judicial. Por entonces alcanza una población que ronda los nueve mil habitantes y los límites del núcleo urbano son aún mayores que en la actualidad.

El segundo gran período coincide con el declive económico, administrativo y demográfico de la población y va desde el último tercio del siglo XIX hasta finales de los años setenta del siglo XX. El tercer período, el más reciente tiene una primera fase de estabilización y otra de despegue económico ligado a las actividades del turismo de rural y de naturaleza.

Somos conscientes de que esta clasificación es un tanto simple, pues esconde etapas con diferencias notables, como el periodo autárquico de la primera fase de la dictadura franquista y la posterior modernización de su economía, que coincide con la fase desarrollo industrial y urbanización de las grandes áreas urbanas andaluzas y españolas, en las que Grazalema ocupa un papel periférico, pero de la que no queda al margen, sufriendo notables cambios en su vida material.

Pitt-Rivers no prestó excesiva atención al primer período, el del auge de la industria textil, aunque, como hemos dicho en otro lugar, no desconocía su existencia y así lo apunta en su obra:

“Anteriormente exportaba vino y además poseía una industria de paños que era el orgullo de la región. Sus productos llegaron a ir hasta Sudamérica. Hace noventa años tenía dos veces más población que hoy” (1994: 42)

Más adelantes añade:

“Hace ya mucho tiempo, en 1862, Mateos Gago, un eminente político, hijo de Grazalema, dirigió al Gobierno un informe proponiendo que el ferrocarril, que entonces se estaba proyectando para comunicar el área de la sierra, siguiera el valle del Guadalete desde la llanura de Jerez hasta Ronda, aportando entre sus razonamientos el de la necesidad de proporcionar facilidades de transporte a su pueblo natal como único medio de mantener la prosperidad de la industria de la lana. Su propuesta fracasó y el ferrocarril se construyó desde Ronda a Algeciras. La sombría profecía de este hombre clarividente se cumplió por entero” (op.cit.: 86).

El objetivo de Pitt-Rivers no era estudiar la historia del pueblo, sino analizar su estructura social y su vida cotidiana. A pesar de ello, como muestran las citas anteriores, la perspectiva histórica está presente en su obra sobre Grazalema, si bien tangencialmente.

El auge y posterior decadencia de la industria textil grazalemeña ha sido objeto de estudio por parte, principalmente, del antropólogo Serrán Pagán. La siguiente cita ilustra la importancia de la industria de la lana en Grazalema:

“Se consumían treinta mil arrobas de lana en el tejido de estas manufacturas. Había, además, diferentes tintes, varios batanes, dos calderas de jabón, una de curtidos y otra de cordobán. Se ocupaban en las manufacturas unas cuatro mil personas. Unas veces, las fábricas prestaban dinero y materia prima a los obreros que trabajaban, en la mayoría, con sus familias, en las casas. Otras, los mismos habitantes, independientemente de las fábricas, compraban la lana y la llevaban a las fábricas para hacer el hilo. Tenían sus telares en las casas y toda la familia se dedicaba a hilar y diseñar las mantas. Una vez terminadas, iban de nuevo a las fábricas a abatanarlas y percharlas. Se dice en el pueblo que las mantas hechas en las casas eran mucho mejores que las que se hacían en las fábricas, porque tenían más lana. Los habitantes las vendían por su cuenta a comerciantes de pueblos vecinos, exportadores y corredores, o pagaban con ella a los prestamistas las deudas” ( 1984: 30-31).

Esta otra cita de Serrán Pagán resume su visión de las causas de la decadencia económica del pueblo:

“El desarrollo de la industria catalana se debió a la ayuda económica, estatal, privada y extranjera que posibilitó la modernización de su maquinaria, y la importación y sustitución del algodón por la lana, como primera materia prima. La concentración de dicho capital en el desarrollo industrial de Cataluña y Vizcaya, y sobre todo en la construcción del ferrocarril (en un principio construido alrededor de estas áreas industriales), alejó a la industria andaluza de toda clase de inversiones y apoyo económico.

Grazalema fue, como otros pueblos andaluces dedicados a la industria textil, víctima del proceso de industrialización que se estaba produciendo en el norte de España” (1984: 104).

El grazalemeño Juan Dianez, del que hablaremos más adelante, nos ha dejado en uno versos su particular versión de la decadencia textil del pueblo:

“Grazalema antiguamente, con la industria de la lana,

Había muchos tejedores trabajaban en sus casas.

En el pueblo de Grazalema, no exagero es la verdad

De cada cuatro viviendas una tenía un telar.

De maestros y ayudantes el telar se componía.

Además había un chiquillo para llenar las canillas.

Los años fueron pasando y la industria decaía

porque los transportes eran todos de caballería.

Las carreteras la hicieron a más de los treinta años.

Todo el que tenía industria de aquí se la fue llevando.

Tres fábricas se cerraron. Los batanes se perdieron.

Los tintes y lavaderos quedaron para engordar cerdos.”

Durante el primer tercio del siglo veinte persiste el declive económico, el paro, el hambre la emigración masiva y la represión política contra el asociacionismo obrero. Tras la guerra civil, la Serranía de Ronda y Grazalema se convierte en refugio de varias partidas de “maquis”. La última de ellas fue desarticulada en 1950, es decir, coincidiendo con el trabajo de campo de Pitt-Rivers. Los años de posguerra son excepcionalmente duros para la población. Durante la década de los cincuenta y los sesenta la situación se alivia gracias a la válvula de escapa de la emigración que, a su vez, permite que lleguen ingresos al pueblos procedentes de las remesas de los emigrantes. Así describe la importan de la emigración Fernando Pinillos:

“En la década de los cincuenta se produjo un hecho de gran importancia para el pueblo, que fue el de la emigración de los trabajadores grazalemeños a Europa. Dicha emigración puede considerarse como un hecho clave para la supervivencia del pueblo, ya que no sólo el dinero mandado desde el extranjero fue fundamental para la subsistencia de los familiares de los emigrantes, sino también que la inmensa mayoría de éstos invirtieron los ahorros de su trabajo en arreglar sus casas, comprar otras nuevas, adquirir terrenos de labor, instalar negocios, etc.

En resumen, el dinero duramente ganado en el extranjero tuvo un efecto revitalizador de gran importancia en el pueblo. Así, hay que considerar como muy merecido reconocimiento a esta circunstancia el que una de las calles del pueblo lleve la denominación de ‘Emigrantes Grazalemeños’” (1987: 109).

Particularmente premonitorias, tanto en lo que respecta a las potencialidades del turismo para el desarrollo del pueblo como en la amenaza de romper su fisonomía urbana, resultan las siguientes palabras de Pinillos:

“En la actualidad Grazalema se enfrenta a su futuro con parte de los problemas de su pasado aún vigentes, especialmente en lo que se refiere a la falta de existencia de suficientes puestos de trabajo. Pero con unas perspectivas optimistas referentes al desarrollo del turismo, que, de no ser arruinado por la especulación, puede llegar a ser fundamental para la consolidación económica del pueblo.

Grazalema se encuentra localizada en un entorno geográfico de particular belleza. El pueblo, debido a la dificultad de comunicaciones que ha sufrido en el pasado y a la precaria situación económica por la que ha atravesado durante el último siglo, presenta actualmente el atractivo turístico de conservar casi en su total pureza el tipismo de un pueblo típico andaluz. Las actuales vías de comunicación permiten el cómodo acceso a los visitantes, especialmente a los provenientes de la Costa del Sol, zona de reconocida importancia turística. Otra circunstancia a señalar del pueblo y su comarca es su pasado históricocultural, que promocionado adecuadamente puede constituir otro elemento importante de captación de turistas. Todos estos factores, en los que puede descansar el futuro de Grazalema, están basados en la conservación del conjunto urbano tal como se encuentra en la actualidad. Si se comienzan a construir edificios de pisos dentro del recinto del pueblo; si se cambia el estilo de sus construcciones; si se pierde el sello que el paso de los años ha dejado en sus calles; si, en fin, se rompe su armonía, se habrá acabado con la posibilidad de que el pueblo pueda afrontar su futuro sin preocupaciones” (1987: 109).

Precisamente, el peligro del urbanismo depredador, que Pinillos anunciaba como una indeseable posibilidad, está pasando a ser en los últimos años de ser no una lejana amenaza sino una triste realidad.

El progresivo deterioro de la artesanía y las manufacturas locales a favor de productos traídos de otros lugares es un aspecto que consideramos importante y que se ha ido acentuando:

“Muchas industrias locales han sucumbido a los cambios económicos de los tiempos modernos. La producción de paños de Grazalema se ha reducido mucho. La industria del cuero de Ubrique usa hoy piel importada puesto que las locales están peor curtidas. Hace mucho que no se hacen piedras de molino, sino que se importan de regiones que disponen de piedra más dura. Los herreros ya no fabrican los utensilios agrícolas. La artesanía local ha sido substituida por productos manufacturados. Estas transformaciones han conllevado no sólo un cambio en la orientación de la cooperación económica sino también un empobrecimiento general de la zona” (Pitt-Rivers, 1994: 56).

Sorprende comprobar la gran variedad de actividades económicas diversas que existían en el pueblo en el pasado. Algunas de ellas, prácticamente desaparecidas antes de llegar al boom turístico, no se han recuperado, aunque podrían tener una gran importancia a la hora de diversificar la actividad económica del pueblo. Es el caso de la industria artesanal del calzado, con sus afamadas y robustas botas, o la artesanía del corcho, que se plasmaba en rústicos asientos o banquetas. Exceptuando la fábrica de mantas y la de quesos, no hay otras actividades manufactureras ni artesanales que aprovechen los recursos autóctonos apoyándose en la imagen del Parque Natural. La fábrica de mantas está diversificando en los últimos años su producción. A las tradicionales mantas y la producción de paños para hábitos religiosos, se han ido añadiendo otros productos como mantas de viaje, mantas estriberas, bufandas y, más recientemente, un tipo de chaquetas de lana llamadas “tiradoras” o “tebas”.

La práctica totalidad de las tiendas de recuerdos para los turistas venden productos elaborados masivamente en lugares alejados de Grazalema: camisetas y otras prendas de vestir convenientemente serigrafiadas con alusiones a Grazalema y todo tipo de falsas artesanías importadas y personalizadas para la ocasión. Ni rastros de las antiguas y estupendas botas de piel de becerro de confección local. Ni rastro de piezas de artesanía de esparto o del corcho. Resulta mucho más práctico vender lo que traen representantes de Ronda y que es el mismo tipo de productos «típicos» que pueden encontrarse en cualquier pueblo turístico de la costa del sol.

De los 14 molinos harineros de que habla Pitt-Rivers (op. cit.: 55) (eran 11 en realidad) hoy no funciona ninguno, y el que podría moler, no puede hacerlo por la escasez de agua. Tampoco funcionan las dos almazaras, ni la fábrica de harina que había en el pueblo. Hoy día la harina es traída en camiones que suministran a las dos panificadoras existente en la actualidad las que proveen, incluso, de las masas ya elaboradas para la preparación de los dulces típicos el pueblo. Sólo queda en funcionamiento una de las dos fábricas de mantas que existían cuando Pitt-Rivers vivía en el pueblo y dos de las tres panaderías que había entonces. La única nueva industria destacable es la fábrica de quesos.

Hace ciento cincuenta años el sistema productivo local se caracterizaba por la preponderancia económica de las manufacturas textiles, con una vocación claramente exportadora, y por la existencia de una gran variedad de aprovechamientos agrícolas, forestales y ganaderos, así como por diversas manufacturas que abastecían al mercado local y comarcal. En la actualidad, el sistema productivo local es mucho menos diversificado, menos enfocado hacia la satisfacción de las necesidades de la población local y con un menor aprovechamiento de los recursos autóctonos. La inmensa mayoría de los bienes de consumo son producidos en otros lugares. Puede hablarse, por tanto, de un fenómeno de globalización económica de largo alcance temporal que ha desembocado en la especialización turística. Paralelamente, se ha producido una pérdida de importancia de Grazalema como centro administrativo, al dejar de Partido Judicial.

La economía está basada en el turismo, la construcción, debido a la demanda turística de segunda de residencia y de viviendas para alquilar, y en los aprovechamientos ganaderos. El grazalemeño Juan Dianez Pozo nos ha dejó un testimonio valiosísimo para conocer cómo era Grazalema entre 1914 y 1936, año en que se produce la Guerra y Civil y se ve obligado a abandonar el pueblo. Dianez nació en 1908, por lo que sus recuerdos van desde aproximadamente el año 1914 hasta 1936. En 1986 grabó, con el patrocinio del Ayuntamiento de Grazalema y de la Diputación Provincial de Cádiz, un casete en el que relata, en forma de verso, sus recuerdos del pueblo. El interés de este testimonio oral radica en que recoge todos los motes que se usaban en el pueblo, los nombres de calles y lugares, así como una descripción de las ocupaciones que tenían sus gentes. Además, sus versos recogen hechos que le fueron transmitidos por sus padres y abuelos. Basándonos en este testimonio vamos a describir las actividades económicas que existían en Grazalema en el primer tercio del Siglo XX.

Existían cuatro fábricas de lana y otra de harina, once molinos de trigo y tres de aceitunas, dos tintes para los paños de lana y ocho bodegas que producían y vendían vino. La elaboración artesanal de calzado – principalmente botas de piel de becerro – contaba con seis zapaterías que daban empleo, cada una, a 5 ó 6 hombres durante todo el año y que abastecía al mercado local y comarcal. Además, existían numerosos artesanos que trabajaban por su cuenta en sus casas. En conjunto, la industria del calzado daba empleo estable a unas 70 personas.

Dos artesanos talabarteros se dedicaban a la fabricación artesanal de monturas y otros enseres para las caballerías. Otros dos hombres hacían reparaciones de este material por los ranchos del pueblo. Había en Grazalema ocho carpinterías, dos herrerías para el herraje de las bestias, una sombrerería que fabricaba sombreros de ala ancha a medida, cuatro panaderías, así como numerosos ranchos que amasaban y horneaban su propio pan y vendían el que les sobraba.

La práctica totalidad del vestido que usaban los grazalemeños era fabricado en el propio pueblo. En las tiendas no se vendían prendas ya elaboradas, sino los tejidos para hacerlas. Siete costureras, con sus respectivas aprendizas y ayudantas, confeccionaban por encargo la ropa que se necesitaba en el pueblo: trajes, pantalones, blusas, vestidos, chaquetas. Otras tantas costureras que trabajaban por las casas. Además, la mayoría de las mujeres confeccionaba muchas de las prendas que necesitaba el hogar y las reparaban. Los encargos a las costureras se hacían para las prendas más complicadas, normalmente la ropa que se lucía los domingo y festivos.

En el pueblo había dos pastelerías que hacían tortas de leche, amarguillos, cubiletes, bollos, roscos y merengues. A la elaboración artesanal de chocolate se dedicaban tres artesanos. En cuatro casas se servía café.

Dos fraguas se ocupaban en la reparación de herramientas y aperos de labranza: hachas, calabozos, escardillos y zoletas. Había cuatro barberías que pelaban y afeitaban. Algunos de estos barberos también extraían muelas.

Había tres familias que estaban especializadas en la albañilería. Trabajaban el cabeza de familia ayudado por varios hijos. Además había aficionados que hacía reparaciones, especialmente para el mantenimiento de los tejados y la colocación de las tejas.

En cuanto a la ganadería, entre pastores de ovejas y cabreros había en Grazalema unos 40 o 50 hombres que pasaban la mayor parte del tiempo en y las sierras y montes.

En relación a los productos que Grazalema ofrecía al mercado, Pitt-Rivers señalaba (op. cit.: 55) lo siguiente:

“Hay empresarios que residen en las ciudades y vienen a Grazalema a comprar productos tales como caza menor, huevos o fibra de esparto. Acuden tratantes para comprar ovejas y lana. Llegan intermediarios con camiones para comprar carbón vegetal, otros vienen de Ronda con recuas de asnos a lo mismo. Algunos en Grazalema llevan en burro hasta Jerez diversos productos y luego vuelven con tantas mercancías como puedan cargar”.

Hoy en día no se produce ya carbón, esparto ni caza menor, aparte de no tener demanda los dos primeros.

Constata Pitt-Rivers (op. cit.: 57) las diferencias en los niveles de precios de los mismos productos entre Grazalema y Ronda, principal centro de abastecimiento de todo tipo de mercancías. Estas diferencias persisten, o incluso han aumentado, pese a que el coste relativo del transporte se ha reducido con la mejora de las comunicaciones – Grazalema queda a media hora de distancia de Ronda en coche. Ello es debido a que la masiva afluencia turística ha hecho que los dos supermercados del pueblo y también las tiendas de comestibles hayan fijado sus precios en función de la demanda de los turistas. Así, los visitantes encuentran que los productos que adquieren en el pueblo son sensiblemente más caros que en las ciudades en las que viven: Jerez de la Frontera, Cádiz, Sevilla, etc., pero no les compensa ir a hacer las compras a Ronda para avituallarse de lo que necesitan para sus cortas estancias de dos o tres días.

Los altos precios relativos del pueblo afectan a las familias más humildes, a las personas mayores que, no disponiendo de vehículo, no suelen hacer sus compras semanales en Ronda o Ubrique. Cada vez es más frecuente que los hogares – especialmente los más jóvenes – realicen sus compras mensuales o semanales en Ronda, Ubrique, Arcos o incluso en Jerez. La disponibilidad de vehículos y la proximidad temporal, así como la existencia de precios bastante más bajos favorecen esta tendencia. Por otra parte, las cadenas de supermercados de ámbito nacional o regional han ampliado su red territorial, instalándose en la mayoría de los centros rurales y cabeceras comarcales de la región, haciendo posible acceder al mismo tipo de productos y a precios similares que están accesibles a los habitantes de las principales aglomeraciones urbanas.

En cuanto a los salarios, como quedó dicho más arriba, también existen diferencias importantes entre Grazalema y las principales áreas urbanas de Cádiz y Málaga. Este es el motivo por el que muchos jóvenes, y no tan jóvenes, prefieran trabajar en la construcción o en la hostelería en dichos lugares. La pauta de trabajar durante la semana en la costa y regresar el fin de semana recuerda a la emigración estacional de los “campiñeros” de antaño, con la diferencia que ahora los trabajadores pueden retornar con más frecuencia y comodidad.

La situación con respecto al transporte y a las vías de comunicación que nos descrie Pitt-Rivers se caracteriza por el deterioro de las vías de comunicación tradicionales (caminos, veredas y cañadas) que, sin embargo, debido a lo costoso del transportes en vehículos de motor, seguían siendo los más utilizados, ya que los desplazamientos de personas y mercancías se realizaban mayoritariamente a lomos de mulas, burros caballos. A parir de los años veinte y treinta, con la construcción de las carreteras, se habían abandonado aún más aquellas vías tradicionales.

En la actualidad, el uso de ganado caballar para los desplazamientos de personas y para el transporte de mercancías ha desaparecido. Mulos y burros sólo se usan para acceder a fincas muy apartadas, y lugares inaccesibles, donde no llegan los vehículos por no existir carriles. Son usados, por ejemplo, para transportar las corchas cuando se procede al descorche de los alcornoques. La imagen de los burros transitando por el pueblo y sus alrededores, tan frecuente hasta la mitad de la década de los setenta, se ha esfumado para siempre. De hecho, el burro es objeto hoy de protección en España por parte algunas asociaciones fundadas para velar por su reconocimiento y tratar de evitar su extinción.

Evolución del parque de vehículos en el municipio de Grazalema

2003

1997

1991

Turismos

704

535

441

Motocicletas

62

55

37

Fuente: Instituto de Estadística de Andalucía.

Desde hace unos años varias empresas están ofertando visitas a caballo por el Parque Natural que aprovechan los viejos caminos y veredas. Estas mismas rutas están siendo utilizadas para practicar el senderismo y muchas de ellas han sido señalizadas para su uso por los turistas rurales. Esta nueva utilidad de los caminos tradicionales está haciendo que se invierta en su reacondicionamiento. Es el caso de la vereda que sube desde el camping hasta el Puerto del Boyar o del camino el Solar, que desciende desde la parte baja del pueblo hasta la carretera que se dirige a Ronda. Ésta última está siendo reacondicionada por alumnos de una escuela taller. Muchos de estos caminos son antiguas calzadas de origen romano-medieval. El trazado de las carreteras que existía en 1950 no ha variado prácticamente en la actualidad. No obstante, su estado ha mejorado considerablemente, especialmente en cuanto al firme y la señalización, aunque continúan siendo igual de estrechas y tortuosas. El transporte de viajeros en autobús, que comunica el pueblo con Ronda, Ubrique y el Bosque, tampoco ha incrementado su frecuencia.

Pitt-Rivers (op. cit.: 59) describe acertadamente la existencia de dos tipos de lazos entre Grazalema y los pueblos de su entorno. Por un lado, comparte con el resto de poblaciones del Partido Judicial cultura material, unas tradiciones y unos valores comunes. Por otro, desde del punto de vista funcional y económico, sus relaciones se orientan hacia los pueblos del norte y este y, en especial, hacia Ronda.

Hasta la década de los ochenta la situación no había cambiado sustancialmente. Así, Juan Manuel Suárez Japón en su obra El hábitat rural de la Sierra de Cádiz (1982: 80) afirma:

“En efecto, la Sierra de Cádiz es un área que, aislada como ya se apuntó, ha generado una conciencia entre sus gentes de compartir una única historia común, de un mismo pasado cultural; la Sierra es realmente, en este caso, una ‘región cultural’. Por otro lado, existe una dependencia clara respecto a Ronda, que es el núcleo organizador de este territorio y que cuyo influjo sólo los municipios más occidentales, tales como Puerto Serrano, Prado del Rey o el Bosque, se apartan para caer en las órbitas de otros dos centros rectores: Jerez de la Frontera y Sevilla. Finalmente, la Sierra ha jugado, merced a su propio aislamiento y a sus condiciones generales de desenvolvimiento socioeconómico, una función dentro de un contexto económico más amplio: era un área artesana, donde se practicaba la cría del ganado caprino y el carboneo, que en la provincia no se daban en lugar alguno fuera de la Sierra. Ahora, perdido el aislamiento que las sustentó, arruinadas – salvo el caso excepcional de Ubrique – las artesanías, abandonado el carboneo por la competencia de otros recursos energéticos, es posible que su funcionalidad en ese contexto global al que nos referimos sea el convertirse en lugar de ocio, en un ámbito de un cierto turismo menor, de no gran radio de acción, adecuado a la escala provincial de la que aquí tratamos.”

De esta nota nos interesa destacar la coincidencia con el análisis efectuado por Pitt-Rivers treinta años antes en cuanto a la dicotomía entre lazos culturales y funcionales o económicos. Por otro lado, apreciamos cómo Suárez Japón se quedó corto en lo que a las expectativas de desarrollo turístico de la comarca, al menos en lo que al Grazalema se refiere. Como ha quedado dicho, el peso de los visitantes procedentes de la misma provincia es mayoritario, pero Grazalema ha ingresado en la red de hitos turístico de cierta relevancia a escala regional y recibe visitantes de origen extranjero durante la mayor parte del año.

La situación actual se caracteriza por una pérdida relativa de importancia de la ciudad de Ronda como centro funcional frente a otros polos de atracción como Jerez de la Frontera. El papel de Ronda sigue siendo destacado, especialmente en lo relacionado con los servios de salud. Sin embargo, ha perdido peso en cuanto a cuota de mercado. La mejora de accesibilidad hacia las áreas urbanas de Bahía de Cádiz-Jerez y de la Bahía de Algeciras, así como la orientación hacia éstas de la mano de obra excedente, han contribuido a esta diversificación de los polos de atracción. También ha influido la localización en la primera de estas áreas de los centros de enseñanza superior.

Es digno de mención que las formas de distribución y acopio de mercancías entre Ronda y los comerciantes y distribuidores de las poblaciones pequeñas de su entorno, ha cambiado de signo. Los comerciantes de los pueblos ya no tienen que desplazarse -aunque algunos lo sigan haciendo- a Ronda para realizar sus compras. Son los distribuidores de Ronda los que, mediante camiones y furgonetas, acercan su productos a los supermercados de la localidad. En ese sentido, ha ganado Algeciras un alto porcentaje de suministro en lo que toca a las carnes, ya que cuenta con un matadero regional que suministra todas las canales si exceptuamos las matanzas de cerdos ibéricos que algunos carniceros del pueblo realizan en Benaoján. Por otra parte, el mayor proveedor de toda clase de verduras, frutas y resto de productos alimenticios, no es Ronda sino un hipermercado de mayoristas situado cerca de la localidad sevillana de Utrera.

Finalmente, pasaron a la historia los recoveros. Estas personas suministraban café, azúcar, tabaco y otros productos a la población que vivía en el campo a cambio de huevos, pollos y gallinas. Tampoco acuden ya a Grazalema aquellos empresarios que compraban la caza menor y el esparto. La primera ha mermado tanto que no se comercializa. El segundo ha de jado de recogerse al ser sustituido por materiales más modernos con los que se fabrican ahora estropajos y sogas.

Pitt-Rivers llama la atención sobre el hecho de que la población residente en la Ribera del Gaidovar tienda a tener más contactos con personas de otras poblaciones que la que vive en el pueblo:

“Aquellos que viven fuera del pueblo están por tanto más cerca de otra población con la que, en consecuencia, el comercio y los contactos humanos son más fáciles. En segundo lugar, son personas de cierta relevancia – propietarios de fincas, molineros, carboneros, etc. –, gente independiente que trabaja para sí misma y no depende de un jornal. Viajan según sus negocios y sus contactos son, claro está, más amplios” (op. cit.: 60).

Esta diferencia en el grado de vínculos con el exterior entre la población que vivía en el campo y en el pueblo ha cambiado. Ello es debido, fundamentalmente a que la población que vive fuera del centro urbano ha disminuido drásticamente, como quedó dicho más arriba. Seguramente, hoy día la población que vive en el campo está más aislada, en lo que ha contactos con personas de otros pueblos se refiere, que los que viven en el pueblo. La proximidad física que entrañaba antes el residir geográficamente más cerca de personas de otros pueblos ha dejado de tener sentido con las posibilidades actuales movilidad. Los contactos no se hacen hoy tanto en las ventas de los cruces de caminos como en los mismos pueblos.

Pitt-Rivers realiza en su obra (op. cit.: 60 sqq.) un perspicaz análisis de la figura del forastero, de “el otro” en la sociedad grazalemeña. Muchos de los elementos de ese análisis son comunes al resto de la sociedad andaluza y española. La hospitalidad con el forastero como norma cultural es común a muchos pueblos del mediterráneo desde la antigüedad. Se defiende el la imagen y el honor de la comunidad en su conjunto. Se trata de influir positivamente en la opinión que el forastero se lleve del pueblo. Pero la hospitalidad funciona también como mecanismo de defensa de la comunidad ante el extraño. El tipo de trato recibido por el forastero está, por otra parte, condicionado por la clase de forastero de que se trate. El recibimiento es muy distinto si se trata de una persona cuya apariencia denota un estatus alto – ya venga al pueblo por ocio o por negocio – que otra cuya apariencia refleja un estatus social bajo o marginal. Estos valores culturales puede decirse que perduran, en líneas generales, hoy día.

Del forastero se trata de averiguar si conoce a alguien en el pueblo que responda por él y lo avale. En caso de no conocer a nadie, el que conversa con él trata de averiguar si tienen algún conocido común en el lugar de donde viene el forastero. Por eso es tan importante averiguar su lugar de procedencia. Se expondrá la red de conocidos que se tengan en el lugar de procedencia del forastero para dar la oportunidad a este de conectarse a dicha red mediante algún conocido común. Una vez identificado uno o más conocidos comunes se da por terminada la indagación y puede aceptarse al forastero, que pierde su carácter potencialmente amenazante.

La importancia de estas redes sociales de amistad y conocimiento entre personas, como pone de manifiesto Pitt-Rivers, se aprecia también en la forma arracimada que adoptan las emigraciones hacia otras localidades. Este es también un rasgo cultural territorialmente amplio. Las sucesivas oleadas de emigrantes a diferentes lugares: Cataluña, Francia, Bélgica, Alemania, se realizan siempre con el apoyo de redes de este tipo.

Por otra parte, como apunta también el autor, se trata de una sociedad en la que se produce una fácil absorción del forastero que viene a integrarse en la comunidad:

“Amantes de novedades, entablan fácilmente amistad con gente de trato reciente y así quienes se establecen en un pueblo no tardan en ser absorbidos. En un par de años pueden haber desarrollado ya con otras personas relaciones de recíproca confianza y llegar a disfrutar de ventajas cooperativas tales como compartir la cosecha con gente del pueblo. El sentimiento de hostilidad hacia los de otros pueblos y la realidad de la cooperación parecen coexistir confortablemente. ¿Cómo tiene lugar este compromiso?

La hostilidad hacia un enemigo depende de que permanezca en campo enemigo. Una vez que uno abandona su pueblo nativo para asentarse en otro elude la mayor parte de la desconfianza que le atribuyen aquellos con quienes va a convivir” (op. cit.: 62-63).

El principal cambio acaecido en lo que respecta a la figura del forastero, ha sido ya apuntada. Se trata de lo que hemos denominado “trivialización del extranjero”, como consecuencia de la llegada masiva de turistas. A la diferenciación entre forastero rico y pobre, se superpone una nueva diferenciación: la del mero visitante o turista y la del forastero que viene para quedarse una temporada o establecerse en el pueblo de forma permanente o para pasar las temporadas de vacaciones. Con respecto a los primeros, por su carácter masivo, los grazalemeños han dejado de extrañarse y no tratan de integrarlo o conectarlo en sus redes sociales de conocidos mutuos, aunque persista, en general, un trato hospitalario y se trata de atenderlo lo mejor posible, orientándolo cuando busca algún lugar, por ejemplo.

El control social ejercido por la comunidad sigue siendo alto. Aunque ha crecido la tolerancia con respecto a algunas conductas que se han “modernizado”, en la comunidad sigue teniendo un poder importante “el qué dirán” (op. cit.: 62). Este tipo de control social depende en gran medida del tamaño del pueblo. En él todos se conocen y las noticias se transmiten con rapidez. Hay una mayor igualdad entre hombres y mujeres aunque está lejos de la que existe en determinados grupos sociales de las grandes ciudades o de los modelos de referencia que pueden verse en la televisión o el cine. Es muy raro que las conductas que se sitúan fuera tanto de la legalidad como de la moralidad del pueblo (como el robo o la prostitución), se den dentro del pueblo por personas que pertenecen a la comunidad. Especialmente la prostitución. También persiste la idea de que no está bien denunciar a alguien del propio pueblo por un robo.

Esta es una de las tesis centrales del libro. Su vigencia hoy día ya fue apuntada al principio de este informe. Como afirmaba Pitt-Rivers en 1954: “La comunidad no es una mera unidad geográfica o política, sino la unidad de la sociedad en cada contexto” (op. cit.: 64). Por otra parte, sigue existiendo un “fuerte sentimiento de patriotismo local” (ibid.).

Con su habitual agudeza para desvelar los entresijos de la vida social de la comunidad, Pitt-Rivers señala la importancia del apodo como reflejo de una “opinión pública viva y altamente articulada” (op. cit.: 65), y como elemento particular de cada comunidad.

Actualmente, la afirmación de Pitt-Rivers de que “la mayoría de las ocupaciones masculinas están relacionadas directamente con el campo” (op. cit.: 69) ha dejado de tener sentido. Muchos de los terrenos que antes se cultivaban han dejado de ser explotados por resultar poco rentables. La emigración, especialmente durante las décadas de los años 60 y setenta, fueron el destino del excedente de fuerza de trabajo procedentes de las labores tradicionales.

Hoy día, la principal ocupación masculina es la construcción, seguida de la hostelería y los servicios. En estos últimos tiene especial peso el Ayuntamiento, que directa o indirectamente, es el principal empleador del pueblo. Además de los técnicos y administrativos que trabajan como funcionarios, hay que tener en cuenta al personal de otras oficinas dependientes de éste, así como las contratadas en los servicios de abastecimiento de agua, Biblioteca, Radio municipal, policía municipal y, especialmente, las personas contratadas en servicios de mantenimiento, limpieza y cuidado de parques y jardines públicos. El siguiente cuadro pone de manifiesto que la principal fuente de ocupación es la construcción (22,85 %) seguida de la hostelería con el (17,79 %). Si unimos a la hostelería el comercio, muy ligado en el pueblo al mercado turístico, tenemos un 30,67 % de los ocupados. Los ocupados en la categoría de “Agricultura, ganadería, caza y selvicultura” sólo representan el 10,58 % del total. Estos datos reflejan el profundo cambio acaecido en la estructura productiva del pueblo desde la época en que fue estudiado por Pitt-Rivers, con predominio de las ocupaciones agrícolas y ganaderas, hasta la actualidad.

Población ocupada por actividad económica. Municipio de Grazalema. Año 2001.

Ocupados

%

Construcción

149

22,85

Hostelería

116

17,79

Comercio, reparación de vehículos de motor, motocicletas y ciclomotores y artículos personales y de uso doméstico

84

12,88

Administración pública, defensa y seguridad social obligatoria

77

11,81

Industria manufacturera

74

11,35

Agricultura, ganadería, caza y selvicultura

69

10,58

Otras actividades sociales y de servicios prestados a la comunidad, servicios personales

19

2,91

Transporte, almacenamiento y comunicaciones

15

2,30

Educación

11

1,69

Actividades sanitarias y veterinarias, servicio social

11

1,69

Actividades inmobiliarias y de alquiler, servicios empresariales

10

1,53

Hogares que emplean personal doméstico

10

1,53

Intermediación financiera

3

0,46

Pesca

2

0,31

Producción y distribución de energía eléctrica, gas y agua

2

0,31

Industrias extractivas

0

0,00

Total

652

100

Fuente: Censos de Población y Viviendas 2001.Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía

Los datos del cuadro inferior, correspondientes al censo de 2001, muestran cómo la situación profesional más frecuente para el conjunto de la población es la de asalariado eventual (45 % de los ocupados). Curiosamente, esta situación es mayor entre los hombres (46 %) que entre las mujeres (42 %). No obstante lo anterior, el propio peso de la ocupación entre hombres y mujeres refleja las acusadas desigualdades entre los géneros: el 72 % de los ocupados son hombres, frente al 28 % de mujeres. La diferencia más acusada entre los géneros se da en la categoría “Empresario que emplea”, ocupada en un 80 % por los hombres.

Población ocupada por situación profesional y sexo. Año 2001

Mujeres

 

Hombres

 

Hombres y mujeres

 

Ocupadas

% de Fila

% de Columna

Ocupados

% de Fila

% de Columna

Total

% de Columna

Empresario que emplea

9

20,00

4,89

36

80,00

7,69

45

6,90

Empresario que no emplea

26

28,89

14,13

64

71,11

13,68

90

13,80

Asalariado fijo

71

32,87

38,59

145

67,13

30,98

216

33,13

Asalariado eventual

77

26,28

41,85

216

73,72

46,15

293

44,94

Ayuda familiar

1

100,00

0,54

0

0,00

0,00

1

0,15

Coopera-tivista

0

0,00

0,00

7

100,00

1,50

7

1,07

Total

184

28,22

100,00

468

71,78

100,00

652

100,00

El siguiente cuadro pone de manifiesto el importante peso de las actividades relacionadas con el turismo: hostelería, restauración y comercio así como su crecimiento en los últimos años.

Evolución de las situaciones de alta en el Impuesto de Actividades Económicas

IAE - Actividades empresariales

IAE - Actividades profesionales

2005

2000

1995

2005

2000

1995

Comercio, restaurantes y hospedaje. Reparaciones

107

101

77

1

1

1

Otras industrias manufactureras

18

14

17

Construcción

16

12

7

1

0

1

Instituciones financieras, seguros, servicios prestados a las empresas y alquileres

16

9

5

1

3

3

Transporte y comunicaciones

8

8

8

Otros servicios

7

9

7

4

2

2

Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca

4

2

2

7

9

7

Industrias transformadoras de los metales. Mecánica de precisión

2

4

2

Total

178

159

125

14

15

14

Fuente: Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía

La disminución de la superficie cultivada ha sido debida al paso de una economía de subsistencia en la posguerra a otra más moderna y diversificada, con menor peso del autoabastecimiento

El siguiente cuadro refleja la distribución de los usos del suelo en el municipio de Grazalema:

Suelos según formas de uso. Municipio de Grazalema. Año 1999

Superficie

en Hectáreas

%

Arbolado de Quercineas

6.206,09

51,19

Arbolado de Coníferas

1.592,41

13,14

Espacios con escasa vegetación

1.559,99

12,87

Matorrales

1.257,55

10,37

Pastizales

917,96

7,57

Mosaicos de cultivos

174,32

1,44

Olivares

171,44

1,41

Cultivos en secano

88,20

0,73

Otras frondosas y mezclas

81,23

0,67

Núcleos de población industria e infraestructuras

30,34

0,25

Cultivos en regadío

28,81

0,24

Embalses y otras zonas húmedas

14,92

0,12

Total

12.123,26

100,00

Fuente: Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía

Como puede observarse, la mayor parte de la superficie del municipio está ocupada por arbolado de quercíneas y, en menor medida, de coníferas. En conjunto, ambos tipos de arbolado representan el 64,3 de la superficie municipal. Los cultivos, considerando las tres categorías contempladas: de secano, regadío y mosaicos cultivos, sólo representan el 2,3 % del suelo.

Como muestra el siguiente cuadro, los principales aprovechamientos de los terrenos del municipio son los montes.

Distribución general de la tierra por tipo de aprovechamiento. Municipio de Grazalema. Año 2004

Superficie

Aprovechamientos

Has.

%

Barbecho y otras tierras

0

0,00

Cultivos herbáceos

12

0,10

Cultivos leñosos

228

1,94

Prados naturales

0

0,00

Pastizales

220

1,87

Monte maderable

5.214

44,36

Monte abierto

4.375

37,22

Monte leñoso

36

0,31

Erial a pastos

588

5,00

Espartizales

0

0,00

Terreno improductivo

1.000

8,51

Superficie no agrícola

55

0,47

Ríos y lagos

25

0,21

Total

11.753

100,00

Fuente: Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía

El monte maderable es todo terreno con una cubierta forestal, es decir, con árboles cuyas copas cubren más del 20 % de la superficie del suelo, y que se utiliza para producción de madera o mejora del medio ambiente, y en el que el pastoreo está más o menos limitado. Se incluyen también las superficies temporalmente rasas por corta o quemas, así como las zonas repobladas para fines forestales aunque la densidad de las copas sea inferior al 20 %. En Grazalema este monte está formado fundamentalmente por pinos. El monte abierto está compuesto por terrenos con arbolado adulto cuyas copas cubren del 5 al 20 % de la superficie, y que se utiliza principalmente para pastoreo. Según las especies, se realizan aprovechamientos de montanera. Comprende las dehesas de pasto y arbolado con encinas, alcornoques, quejigos, etc. Del cuadro anterior llama la atención la inexistencia de tierras destinadas al aprovechamiento de espartizales que en otro tiempo tenía cierta importancia en Grazalema.

Las tierras de Grazalema, como apunta Pitt-Rivers, son de baja calidad, de duro y laborioso cultivo y difícilmente puede aplicarse en ellas la maquinaria moderna:

“La tierra cultivable, poco más de una décima parte del área total, es casi toda de calidad baja – de segunda y tercera, según las evaluaciones oficiales –, y es dura y laboriosa de cultivar por los muchos desniveles, piedras sueltas y salientes de roca. En la agricultura de Grazalema no se usa maquinaria moderna, ni sería posible usarla, salvo en determinados enclaves. No cabe ninguna duda de que si no fuera por los altos precios del grano en el mercado negro durante los años de postguerra (1939-50), se cultivaría mucha menos tierra de lo que se hace” (op. cit.: 69).

La afirmación hecha por Pitt-Rivers se ha confirmado a lo largo de los años. A la baja rentabilidad de las explotaciones han contribuido también las ayudas de la política agrícola, que ha incentivado el abandono de los cultivos poco rentables. El bajo rendimiento de las siembras puede ilustrarse con el siguiente ejemplo expuesto por un informante:

“El agricultor de Jerez araba y sembraba con tractores, hacía la escarda mecánicamente lo mismo que la siega y la trilla. Un año bueno, cada fanega de sembradura le daba entre 38 y 40 fanegas de trigo.

El del rancho de Grazalema tenía que mantener todo el año una yunta de bestias y arar con un arado romano o de vertedera, escardar a pulso, lo mismo que segar; barcinar con los mulos, igual que trillar; aventar la parva con bieldo y pala con sus propias manos; y cada año alisar y regar el suelo de la era si era terrizo o reparar el empedrado, aparte de reponer el sombrajo.

Y todo esto para, un mismo buen año, darse con un canto en los dientes si el trigo le salía a 15”.

En los años de posguerra, como señala Pitt-Rivers, llegaban a sembrarse hasta las calles

del olivar, con lo que se perjudicaba uno y otro cultivo. La gente sembraba para su consumo y lo hacía con tal de que el trigo le saliera más barato de lo que le salía comprándolo y, a veces, ni eso conseguían. La escasa rentabilidad de las explotaciones, la dureza del trabajo y la existencia otras alternativas más rentables ha hecho que los agricultores se han cada vez más un colectivo envejecido y cada vez menos numeroso.

Los jóvenes aspiran a trabajos mejor remunerados y más rentables. La facilidad de los desplazamientos ha hecho, por otra parte, que los antiguos ranchos estén en su mayoría desiertos y abandonados y la población que habitaba en los campos se haya ido a vivir al pueblo o haya emigrado. En el caso de los molineros la disminución del cauce los arroyos ha imposibilitado que puedan dedicarse a la industria que desarrollaron sus padres.

El siguiente cuadro ilustra las diferentes proporciones de superficie según el grado de pendiente en los municipios de la Sierra de Cádiz.

Pendientes de los municipios de la Sierra de Cádiz

Pendientes en km2

 Municipios

< 3%

3 y 7%

7 y 15%

15 y 30%

30 y 45%

> 45%

Superficie

(Km2)

 Alcalá del Valle

 0

 7,89

 27,94

 7,39

 0

 3,71

 47

 Algar

 0

 0,32

 21,05

 0,55

 0

 5,18

 27

 Algodonales

 0

 6,12

 44,86

 39,05

 3,24

 40,88

 135

 Arcos de la Frontera

 30,57

 294

 160,52

 30,32

 2,04

 10,13

 528

 Benaocaz

 0

 3,13

 9,43

 29,15

 8,25

 19,51

 70

 Bornos

 16,69

 27,56

 9,77

 0,34

 0

 0

 55

 El Bosque

 0

 8,03

 9,97

 5,02

 0,14

 7,6

 31

 Espera

 0

 87,89

 32,5

 3,18

 0

 0

 123

 El Gastor

 0

 4,56

 0,91

 8,08

 0

 13,97

 28

 Grazalema

 0

 2,78

 13,2

 30,48

 19,09

 56,9

 121

 Olvera

 0

 43,25

 77,47

 27,99

 0

 44,88

 194

 Prado del Rey

 0

 5,29

 29,52

 7,36

 0

 7,72

 49

 Puerto Serrano

 0

 18,13

 17,22

 22,39

 0

 22,27

 80

 Setenil de Las Bodegas

 0

 23,65

 49,02

 4,53

 0

 4,97

 82

 Torre Alháquime

 0

 3,4

 6,6

 5,01

 0

 2,37

 18

 Ubrique

 0

 2,36

 3,48

 54,13

 2,09

 7,74

 71

 Villaluenga del Rosario

 0

 0

 14,23

 22,05

 6,04

 17,13

 57

 Villamartín

 54,49

 83,48

 58,3

 7,97

 0

 6,49

 210

 Zahara de la Sierra

 0

 0,65

 21,45

 17,47

 0

 32,93

 72

 Total km2

 101,78

 625,56

 614,59

 337,76

 71,34

 304,83

 1.998

%

5,09

31,31

30,76

16,90

3,57

15,26

100,00

Fuente: Plan de Desarrollo de la Sierra de Cádiz

Grazalema es el municipio con un mayor porcentaje de su superficie total con pendientes superiores al 45%: un 57%, mientras que la media de la comarca se sitúa en el 15%.

El siguiente cuadro muestra los cambios en el número de explotaciones agrarias entre los años 1982 y 1999. En dicho período se aprecia un significativo incremento en el número de explotaciones, que pasan de 147 a 214. Resulta interesante destacar que las categorías que más crecen son las pequeñas explotaciones, entre 0 y 5 has., y las más grandes, con más 50 has. Esta evolución concuerda con la idea de Pitt-Rivers de que se dan dos tendencias al mismo tiempo, una hacia la dispersión y otra hacia la concentración.

Número de explotaciones agrarias por tamaño de la explotación. Municipio de Grazalema

Año 1999

Año 1982

 

Número de Explotaciones

%

Número de Explotaciones

%

Entre 0.1 y 5 hectáreas

108

50,47

64

43,54

Entre 5 y 10 hectáreas

24

11,21

22

14,97

Entre 10 y 20 hectáreas

29

13,55

21

14,29

Entre 20 y 50 hectáreas

23

10,75

22

14,97

Con más de 50 hectáreas

30

14,02

18

12,24

Total

214

100,00

147

100

Fuente: Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía

Sobre la tendencia a que entonces fincas grandes, debido a las normas de la herencia y al considerable número de hijos que entonces se tenían, fuesen parceladas, esta tendencia va decreciendo. A la razón que ya apuntaba Pitt-Rivers (1994: 78) de que la explotación de esas parcelas resultaba antieconómica por su tamaño, hay que unir hoy en día la falta de apego que tiene la juventud a vivir en y del campo, la disminución del número de hijos y el que muchos terrenos de escasa rentabilidad antes cultivados se dedican hoy a pastos. Todo ello ha llevado a que los propietarios o sus descendientes opten por vender la finca, o arrendarla, sin particiones, y dividir luego entre los hermanos el importe de la venta o la renta del alquiler. Otra solución practicada, en el caso de haber un hermano con suficientes recursos económicos e interesado en la finca, es que éste adquiera al resto de los hermanos sus partes.

Muy interesante nos parece la afirmación de Pitt-Rivers sobre “la ausencia de una actitud mística hacia la tierra, el sistema de valores de una gente que vive en poblaciones desde donde parten para cultivar la tierra, a la que, sin embargo, no aman” (op. cit.: 79).

Esta actitud esta relacionada con una de las ideas fundamentales del libro: la importancia de la noción de pueblo como elemento fundamental, constituyente de esta sociedad. La igualdad de naturaleza de los que pertenecen a dicho pueblo. Es una sociedad esencialmente urbana, apiñada, cohesionada tanto física como culturalmente. En la nota al pie añade:

“Esta característica de la agricultura en Grazalema, como muchas otras, es típica del Mediterráneo, aunque contrasta con las del noroeste de la Península Ibérica” (op. cit.: 79).

Los terrajos, son

“[un] gran número de trozos de tierra que pertenecen a gente cuya principal fuente de ingresos es el trabajo de sus manos. Son unas ochocientas parcelas de menos de dos hectáreas, con un tamaño medio de media hectárea. Muchos de estos terrenos están dentro de un radio de tres kilómetros del pueblo. Generalmente la tierra es de calidad baja y hay una zona, llamada los terrajos, compuesta casi exclusivamente por esos terrenos y dedicada principalmente al cultivo de la vid. Fueron en tiempos tierras comunes y se distribuyeron y se distribuyeron por medio de venta en el siglo pasado. En los últimos años ha habido una tendencia a que estos terrenos caigan en manos de gente más pudiente. Dos taberneros las han ido comprando. Sin embargo, hay aún muchas familias pobres que poseen algún pedazo de tierra en una parte o en otra” (op. cit.: 75).

A lo largo de los últimos años, Los Terrajos se fueron reconvirtiendo en parcelaciones para segunda residencia. Hay desde modestas viviendas rurales hasta verdaderos chaléts. Su construcción hoy día está mucho más controlada debido a los límites que establece la figura del Parque Natural, así como la propia normativa urbanística. La regularización de estas viviendas se ha convertido en un problema y ha sido una de las razones de que el Plan de Ordenación de Uso y Gestión y el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Parque Natural de la Sierra de Grazalema haya sido uno de los que más ha tardado en aprobarse.

La base de la ganadería siguen siendo los cerdos, cabras, ovejas y vacas, si bien en estos cincuenta años se han impuesto cambios de razas, buscando el mejor rendimiento de éstos animales, una mayor precocidad y desarrollo y reducir el tiempo entre una paridera y la siguiente.

En algunos casos, ese desechar una raza por la adopción de otra ha venido condicionado por cambios normativos. Este ha sido el caso el caso de la progresiva pérdida de las vacas moruchas o semibravas que mencionaba Pitt-Rivers (op. cit.: 70) cuyas hembras se corrían en las plazas montadas a tal efecto en Grazalema, Benamahoma y Zahara. A parte de ser, por su constitución, de menos peso, su progresiva desaparición se ha debido a la prohibición de las capeas populares y a la obligación impuesta por el Reglamento Taurino andaluz de que toda res que se corra o 1idie ha de pertenecer forzosamente a uno de los dos colectivos de criadores de reses bravas.

Las vacas moruchas, prácticamente han desaparecido. Por su corto tamaño eran

Apropiadas para andar por la sierra y por las veredas que allí existen, con curvas tan pronunciadas y en tan escaso terreno que, si tuvieran mayor longitud, podrían despeñarse. Lo mismo sucede con los mulos y caballos serranos. Las vacas moruchas empezaron sustituyéndose por la raza retinta, en cierta medida acordes con el terreno y climatología del entorno. Posteriormente se han ido introduciendo algunas vacas de raza francesa y americana (limousine y herford).

El cerdo, especialmente el ibérico, sigue siendo uno de los animales más apreciados (op. cit.: 71):

“Es ambición de cada familia engordar un cerdo o dos. Los jamones y embutidos altamentecondimentados constituyen las delicias tradicionales de la comida andaluza.”

Curiosamente, en aquellos años en Grazalema se llamaba al cerdo ibérico portugués. La mayor calidad de los productos del cerdo ibérico así como su alta cotización en el mercado lo han preservado ante otras razas como el largue white, o el Weser. Además, el cerdo ibérico tiene como principal alimento la bellota y está perfectamente adaptado a su ecosistema natural, el alcornocal, por lo que se trata de una producción ecológica. Otras razas europeas no están adaptadas para alimentarse libremente, mediante una cría extensiva, en estos terrenos rodeados de jaras, aulagas y horgazos y deben ser criados en granjas.

En la ribera del Gaidovar se implantó una pequeña granja de cerdos blancos, pero la continua bajada de los precios, por la competencia de grandes empresas con modernas y más productivas instalaciones, así como las progresivas exigencias en materia sanitaria, que requerían la modernización de las mismas, forzaron a su propietario a cerrarla.

En cuanto a las ovejas, desde los años cincuenta, también se han producido entre los ganaderos elecciones de otras razas, aunque los hay que continúan con la autóctona oveja serrana de Grazalema, aquella que tenía fama de dar una lana de excelente calidad y más limpia que la de otros lugares debido a la elevada pluviomtría de la zona y a permanecer todo el año al aire libre.

Es en el ganado caprino donde más se ha mantenido, en sus dos variedades de sierra y monte, el mismo tipo de ejemplares de aquellos tiempos. La primera, como es forzoso en todos los animales que en semejante entorno se crían, es de menos talla y peso, y de menor generosidad de ubre que la de monte, sin alcanzar ninguna de ellas el tamaño de la cabra campiñera. Por entonces en cada rancho había, por lo menos en lo que a la Ribera del Gaidovar se refiere, así como en los molinos, una cabra para atender al gasto diario de 1eche. Cosa más que justificada habida cuenta de que los hogares eran más numerosos que en la actualidad.

Estos ejemplares, en terrenos nada agrestes y con abundante y variada alimentación, poseían ubres de mayor tamaño y normalmente parían dos cabritos. Resulta impensable, no obstante, que las criadas en el monte y la sierra pudieran alcanzar el tamaño de la cabra murciana, por ejemplo, ya que los pinchazos que les producirían las aulagas, zarzas y espinos majoletos así como los agudos picos de los riscos, pronto las dejarían teticojas.

De todas formas, en la actualidad existe cierta tendencia entre los ganaderos a preferir la cría de ovejas a la de cabras. Como motivo podríamos citar el menor daño que aquellas producen en la arboleda, el mayor precio y demanda comercial de los corderos y, posiblemente la mayor, subvención. Esta preferencia no existía cuando una y otras se podían criar en la Sierra. Prueba de esta preferencia es que en las dos carnicerías que había entonces en el pueblo sólo se vendía carne de chivo.

La cabaña ganadera más numerosa es el ganado caprino, seguida del ovino:

Cabezas de ganado por tipo. Año 1999

 Bovinos

1.551

 Ovinos

6.739

 Caprinos

8.576

 Porcinos

1.016

 Aves

1.937

 Equinos

55

 Conejas madres

37

La evolución de la ganadería ha sido positiva en la últimas dos décadas. El siguiente cuadro muestra la evolución de las unidades ganaderas. Las Unidades Ganaderas son un concepto estadístico empleado para realizar comparaciones entre explotaciones ganaderas. Se calculan multiplicando por un determinado factor de ponderación el número de cabezas reales de ganado.

Evolución del número de unidades ganaderas por tipo. Municipio de Grazalema.

 

1999

1989

1982

Bovinos

1.171

590

524

Ovinos

674

501

326

Caprinos

858

474

289

Porcinos

294

276

192

Aves

51

51

48

Equinos

44

126

0

Conejas madres

1

0

0

Total

5.092

4.007

3.361

Fuente: Sistema de Información Multiterritorial de Andalucía. Instituto de Estadística de Andalucía

En aquella época, en fechas próximas a las Navidades, si antes no se agotó el maíz de la ceba, los grazalemeños acostumbraban a matar los cerdos que necesitaban para el gasto del año. Estas tradicionales matanzas se hacían en todas las casas de campo y muchas del pueblo, y eran un acontecimiento en el hogar y motivo de reunión de la familia y allegados. Para muchos de los emigrantes que trabajaban en Alemania o en otros países, el regreso al pueblo para celebrar la matanza en las vacaciones de Navidad era un acontecimiento casi tan importante como el del Toro de la Virgen del Carmen.

Se aprovechaban los días más fríos porque “la pringue se corta mejor cuanto más dura esté” y se hacía estando la luna en cuarto creciente porque “así el tocino crece en la olla; de lo contrario mengua”. Hoy día las matanzas ya no se realizan en todas las casas de campo y en casi ninguna del pueblo. Las razones son muchas. Por un lado, el tocino ha dejado de ser un alimento esencial en la dieta de los habitantes, mientras que en aquellos años tanto en “la olla” como en las talegas de cazadores y trabajadores del campo era sustento diario e imprescindible junto con el trozo de morcilla o chorizo.

En el campo, por la mañana, se tomaban las “tostás” con manteca de cerdo “colorá” o blanca. Esta manteca servía para conservar el chorizo, la morcilla o la asadura y se untaba en el pan previamente tostado al calor de las ascuas de leña de encina o quejigo. Aquel pan, que era amasado y horneado en muchos ranchos, metido en la artesa bajo una manta, en una tinaja de barro o en una gran olla de porcelana, se asentaba y duraba una semana sin ponerse duro.

Los trozos de lomo, chorizo, morcilla o asadura también se consumía a menudo fritos y acompañados con papas fritas del huerto o revueltos con los huevos que habían puesto esa mañana las gallinas. Cada comensal iba pinchando algo y tras posarlo sobre el taco de pan, lo llevaba a la boca. Ya al anochecer, porque en el campo había que madrugar, se comía la olla que había estado todo la mañana hirviendo en la lumbre y de la que ya a mediodía se había sacado el caldo para las sopas. Era ésta una especie de cocido a base de garbanzos, patatas, tocino añejo y fresco y alguna verdura que daba el terreno espontáneamente, como las tagarninas, o criada en la huerta, como judías verdes, habichuelas verdes, habas etc.

Los productos del cerdo, por tanto y, en especial el tocino, eran de consumo diario o muy frecuente; de ahí la necesidad de las matanzas en el campo y en el pueblo. Hoy, por el contrario, los trabajos son menos duros y se necesita una menor ingesta de calorías. En el campo nadie ara ya tras una yunta, teniendo que hundir el arado “a pie puesto”. Los desplazamientos para recoger el ganado no se hacen a pie sino en Land Rover. Tampoco se escarda y siega a mano, y en el pueblo, para construir una casa, no hay que estar horas batiendo a pulso la mezcla o subiendo piedras a un muro o las tejas a un tejado. Además, hay una mayor preocupación por la salud y por la apariencia estética del propio cuerpo.

Por otro lado, la clausura del matadero municipal, los modernos controles sanitarios necesarios, como el análisis de sangre previo, (antes se solía echar unos trocitos de pajarilla a los gatos que merodeaban el acontecimiento para asegurarse de que el animal estaba exento de la temida triquina) la necesidad del porte a un matadero autorizado, además de la compra del animal, han hecho que esta la costumbre de las matanzas se esté perdiendo.

Hoy resulta ya una rareza contemplar un cochino, de carne limpia y sonrosada tras el rascado acompañado con abundantes cubos de agua caliente, colgado por sus corvejones y abierto en canal sobre una barra de hierro que se sustentaba sobre las dos hojas de l a puerta del caserío. Así como asistir a la elaboración embutir morcillas, chorizo y salchichón con las propias tripas del animal.

El carboneo, antaño un aprovechamiento forestal de gran importancia, ha prácticamente desaparecido. Sin embargo, en relación con la leña, su demanda durante los meses fríos por de los turistas que alquilan casas en el pueblo, ha crecido mucho en los últimos años. La venta de leña supone una fuente de ingresos para tres o cuatro personas del pueblo. Los visitantes la emplean en la chimeneas de las casas para asar carne, setas y embutidos y para caldear el ambiente. La leña es suministrada por algunos particulares que las llevan a las casas y también se vende en algunas tiendas.

En cuanto al corcho, cada nueve años sigue sacándose de los “chaparros” que es como se llama en Grazalema a los alcornoques. Sin embargo, la fábrica de tapones que existía en Villaluenga del Rosario, propiedad de Sebastián Zapata, y que menciona Pitt-Rivers (op. cit.: 72), cerró poco tiempo después de que concluyera su estancia en el pueblo.

En la carretera que llaman del monte, en dirección a Ronda, a la altura del Puerto de los Arenosos, recientemente ha montado un industrial de la provincia de Huelva unas instalaciones para la compra del corcho del contorno, su almacenaje, y posterior selección y clasificación para su venta a las distintas empresas elaboradoras de productos del corcho, como tapones, paneles aislantes, aglomerados, etc.

Cada año se descorchan varias fincas o parte de ellas. Aunque es un trabajo relativamente bien pagado, es también uno de los más duros que se puedan realizar en el campo – basta contemplar los encallecidos pies y manos de los corcheros para darse cuenta ello –, por lo que los jóvenes han preferido otras actividades. En los últimos años resulta difícil encontrar ya una cuadrilla de descorchadores en Grazalema. De los veteranos, muchos ya no están en edad de poderlo realizar, y pocos jóvenes han aprendido el oficio. Antes, todo hombre que vivía en esos montes, que eran muchos, sabía, en cierta medida sacar el corcho.

Al contrario que entonces, en que junto a una mayoría de Grazalemeños descorchaban algunos montejaqueños o de Gaucín, Parauta y otros pueblos de la Serranía de Ronda, hoy la mayor parte de las cuadrillas está formada por forasteros. El esparto, que hace cincuenta años era una considerable fuente de ingresos, dejó de explotarse y de utilizarse como materia prima en una gran variedad de productos artesanos debido a la competencia de otras fibras y materiales más modernos.

Junto al esparto, la caza, el “picón”, las tagarninas, los espárragos y los huevos que se iban vendiendo por las casas, fueron las piedras angulares sobre las que descansaron las economías familiares más humildes durante “los años del hambre” de la posguerra, tanto para su propia subsistencia como para conseguir algún que otro ingreso ofreciendo tales productos en las casas de los pudientes. La puesta de lazos y cepos era la forma más económica y eficaz de conseguir conejos y liebres. Las perdices se cazaban con reclamo.

Durante los años de la guerra y los inmediatamente posteriores al faltar del del pueblo muchos hombres jóvenes, el número de conejos, ya numeroso, se incrementó de tal forma que escaseaba el pasto para cabras y ovejas. Por los años cuarenta, durante los meses de invierno, una camioneta porteaba semanalmente a Ronda 1.500 conejos desde Grazalema. Igualmente abundaban las perdices, ya que entonces eran escasos los tiradores de escopeta que las tiraban al vuelo. Casi todos eran cazadores de reclamo. El precio del conejo oscilaba entre los 30 céntimos de peseta, los de mayor tamaño, y el real (25 céntimos) de los medianos, llamados por tal motivo “realistas”. Llegados los años cincuenta, base de nuestro análisis, seguía abundando la caza en el término de Grazalema y su entorno, hasta el punto de que un solo cazador, de escopeta y perro, el último año de esa década, cobró, al terminar la temporada, 1.130 perdices. Gracias a asa abundancia pudo sufragar aquel hombre los gastos de la penicilina que precisaba a diario su mujer.

De esa abundancia de caza se ha pasado a una situación, actualmente, en la que las sierras de Grazalema están esquilmadas de cacería. Muchas son las razones que han podido influir en este descenso. En cuanto a los conejos, primero les afectó la mixomatosis y luego la neumonía vírica. En el caso de las perdices el descenso de su población resulta más difícil de explicar. “El hormiga” uno de los mejores cazadores locales, estuvo cobrando durante muchos años una media de 750 perdices cada temporada, como mínimo. Sin embargo, al fundarse el Coto Social y limitarse el numero de piezas que podían cazarse a una por día, al cabo de unos años, en contra de lo que cabría esperar, aquellos terrenos, en vez de aumentar su población de perdices la fueron perdiendo año tras año hasta prácticamente desaparecer al final de los noventa.

Hay quienes dicen en el pueblo que la causa de esta situación ha sido la suelta de “meloncillos”, un mamífero carnívoro actualmente protegido. Estos animales habrían sido, supuestamente, desde helicópteros por desconocidos. Según algunos informantes, la disminución de conejos y perdices estuvo acompañada de las siguientes circunstancias:

La opinión de estos informantes es que la sustancia con que se trata a los pinos afecta a la capacidad reproductora de otras especies: conejos, perdices, saltamontes. Por otra parte, los pinares nunca han sido muy del agrado de los cazadores “debajo de un pino no crece ni la hierba”. Además, por su escasa visibilidad, los pinares son considerados entornos poco favorables para practicar la caza.

Ya cuando Pitt-Rivers estudió Grazalema las “señas del agua”, es decir, las normas que la costumbre había conservado sobre los tiempos del disfrute de las aguas por parte de huertos y molinos, estaban debilitadas y habían sido convertidas a horas de reloj. Estas normas estaban basadas en signos de sombras solares:

“Cuando había bastante luz como para distinguir la cara de una moneda en la mano, comenzaba el derecho de los regantes. Cuando los primeros a rayos de sol golpeaban cierta casa en el campo, el derecho del agua cambiaba de manos. Cuando la sombra alcanzaba el centro de la imagen del Niño Jesús que estaba en el nicho de la fachada de otra casa, el agua volvía a cambiar de curso una vez más. En su mayor parte estos signos eran sombras sobre las rocas del lado más lejano del valle” (op. cit.: 74).

En la actualidad estas tradiciones sólo están en la memoria de los más ancianos. En cuanto a la explotación de las huertas de la Ribera, si a finales de los años cuarenta:

“Todas las huertas son cultivadas por arrendatarios o por los propietarios mismos, con la excepción de una sola, la más gande del valle, que hasta 1950 fue explotada por un asalariado y, después, lo ha sido por medio de un sistema de partición de cosecha” (op. cit.: 74).

En la actualidad, muchas de estas huertas, así como molinos, han sido adquiridos por personas que nunca cultivaron la tierra y las ceden a un tercero en aparcería. La finca a la que se refiere en el texto, que era la única explotada por un asalariado, es la Borreguilla.

El autor distingue las siguientes formas de obtener ganancias de la tierra (op. cit.: 77-78):

  1. Exclusivamente a través de la propiedad

  2. Mediante propiedad y explotación a cargo de un encargado.

  3. Mediante propiedad y explotación que realiza el propietario con sus propias manos, a la que se añade la mano de obra adicional que necesite.

  4. Mediante propiedad combinada con una asociación en forma de aparcería.

  5. Mediante explotación de un terreno arrendado.

  6. Mediante el trabajo de un hombre con sus propias manos a cambio de un jornal, contratado por un día o un período corto de tiempo o como empleado permanente.

  7. Mediante el ofrecimiento que un hombre hace de su trabajo y otras condiciones que pueda aportar en asociación con otro.

  8. Mediante acciones independientes: cazar con escopeta o más generalmente con cebos y trampas, recoger espárragos silvestres, hacer picón, un tipo de carbón que se obtiene de leña menuda por un simple y rápido proceso, o haciendo hornos de cal.

En relación a esta tipología cabría añadir dos formas específicas de cooperación tradicional que existían entonces y que Pitt-Rivers no menciona:

La jornada laboral “a tornapeón” y la figura del “pegujalero”. Una peonada a tornapeón, resulta la más sencilla forma de obtener ayuda en una tarea agrícola, generalmente entre vecinos. Uno da una jornada de trabajo a otro que en ese momento la precisa, y éste se la devuelve en el momento que la necesita. Se llama “pegujal” en Grazalema a un trozo de terreno, generalmente de monte, y propiedad de un terrateniente, que éste ofrece o le es solicitado por otra persona, que puede o no tener tierras, para desmontarlo y cultivarlo en ciertas condiciones o, incluso, en pocos casos, de forma gratuita. En este último caso, el pegujalero limpiaba de jaras y horgazos la parcela, realizaba el resto de trabajos para su labranza y recogía lo cosechado; todo ello respectivamente a su cargo y beneficio. En el resto de los casos, ambos fijaban las aportaciones al trabajo y simiente y la manera de repartir el grano recolectado. Así, por ejemplo, el dueño del terreno podía aportar las bestias y aperos, el trabajador todo el trabajo y luego partir “al tercerón”. En la actualidad, debido a las variadas tareas que pueden realizarse con los tractores, como desmontar, esta figura ha desaparecido.

Refiriéndose al destajo dice Pitt-Rivers lo siguiente:

“El empleo a jornal es un rasgo común de la zona árida mediterránea y la práctica general que se usa en Andalucía, y en muchos lugares, es reunirse en la plaza al romper el alba para ser contratado por toda la jornada. Este sistema se usa en Montecorto, por ejemplo, pero no en Grazalema donde los arreglos se hacen en privado, generalmente la noche antes” (op. cit.: 75).

En Grazalema los trabajadores esperaban a ser contratados al anochecer en la Bodega para ir al campo al siguiente día. Esta forma abusiva de contratar personal hace tiempo que pasó la historia. La legislación actual establece un salario mínimo y fija el salario de la jornada en determinadas labores, como la vendimia, la recogida de la aceituna o de la almendra. También permite el acceso a un seguro de desempleo.

Resulta paradójico leer que el apogeo de Grazalema se debiera al desarrollo de su industria de la lana y ello gracias a la energía que proporcionaban sus aguas, cuando hoy ni aquellos batanes, tintes fábricas, ni incluso sus molinos harineros podrían se movidos por las mismas, lo mismo que la almazara, si estuvieran funcionando.

Los cortes de luz que afectaban a las pocas industrias que funcionaban con electricidad, en verdad tan frecuentes, eran en su mayor parte debidos al mal estado de la línea de conducción y lo lluvioso y accidentado de terreno por el que estaba trazada. El mayor porcentaje de roturas de cables y caídas de palos se producían entorno al Puerto del Boyar, lugar ventoso por excelencia. Esto hoy, gracias a postes de hormigón armado rara vez sucede.

Las fábricas de jabón y las dos de chocolate dejaron de funcionar cuando, tras la guerra civil, no pudieron surtirse de cacao y azúcar. Por su parte, tejares y yeseras cerraron como consecuencia de la competencia de las grandes fábricas.

La desaparición de un gran número de bestias originó también que a nadie apeteciera aprender el oficio de herrador por lo que ahora, especialmente los caballos, han de llevarlos a herrar a Montecorto o Ronda.

También dejaron de hacerse caleras. Primero, porque salía más barato comprar la cal a loa almacenistas de materiales de construcción y, segundo, por el uso, cada vez más frecuente, de pintura plástica para las paredes en vez de la cal tradicional. La pintura plástica permite espaciar los anuales «encalijos» y puede lavarse con facilidad.

Las labores de carpintería han logrado sobrevivir gracias a la demanda local asociada a la construcción de viviendas y a su remozamiento. Cerró, por jubilación José Castro García, al que se refiere Pitt-Rivers (op. cit.: 86) y que usaba energía eléctrica. Sin embargo abrió otra Diego, el que trabajaba con é1, en la que antes tenía El Malagueño, que compró un camión y se dedicó al transporte de toda clase de mercancías. Existía también la carpintería de Candidito, hasta su muerte. También ejerció como carpintero Antonio Vázquez que sigue con ese hobby aún después de haber reconstruido su venta de la espuma. En la actualidad existe, dedicada a la carpintería hace más de 25 años, la Cooperativa El Pinsapar, especializada en la fabricación de puertas, ventanas, marcos y bastidores. Por último, aunque a menor escala, a la carpintería también se dedica un hijo del Malagueño.

En Benamahoma continúa su actividad la fábrica de sillas, la cual ha ido ampliando la gama de muebles y utensilios de madera que oferta. Sin duda que la albañilería ocupa hoy al mayor número de personas en toda la historia de Grazalema.

En relación al calzado, la antaño importante actividad ha desaparecido casi por completo:

“La única industria que parece no haber sufrido en los tiempos modernos es la fabricación de calzado. Grazalema tiene una larga tradición en este oficio y vienen hombres de otros pueblos a comprar botas, que son de piel tosca y resistente y sientan mejor que las que venden en las tiendas de Ronda. Sin embargo en Grazalema no se curten pieles, salvo de un modo esporádico y a cargo de manos inexpertas”.

Hoy sólo queda en el pueblo, dedicado a hacer arreglos y composturas, el hijo de Joaquín el zapatero.

Las carreteras que conectan Grazalema con el resto de las poblaciones cercanas no han variado sustancialmente su configuración, trazado, ni han disminuido sus fuertes pendientes y pronunciadas curvas. Lo que ha cambiado radicalmente es su estado de conservación, en particular, el asfaltado. Por lo pronto, ya no está cortada la que une Grazalema con Benamahoma. Otra cambio ha sido el volumen de tráfico que soportan estas carreteras el cual se ha incrementado considerablemente. Especialmente alto es el tráfico en los momentos de mayor afluencia de visitantes. En ocasiones – por ejemplo, cuando la noticia de una nevada en el pueblo es divulgada en la prensa o cuando hay un puente importante- se forman verdaderas caravanas de automóviles y autobuses. El Ayuntamiento ha dispuesto aparcamientos en varios puntos pero resultan insuficientes en los días señalados.

En cuanto a los caminos que antes de existir las carreteras conectaban los pueblos de la Sierra, si ya ha finales de los cuarenta estaban descuidados, ahora, en que ya no se usan, han desaparecido o se encuentra en pésimo estado. Actualmente algunas de estos caminos están siendo reutilizados para la práctica del senderismo y, los tramos más próximos al pueblo, para el paseo de los vecinos y visitantes. Así, ha sido empedrada la parte más próxima al pueblo del camino llamado del Solar. Este camino es una antigua calzada romana y luego medieval. El tramo recuperado lo ha sido dentro de un programa denominado “Ruta de los Almorávides y Almohades”, que dirige la Fundación El legado Andalusí, organismo que tiene como objetivo la puesta en valor y difusión del patrimonio cultural andaluz con especial referencia al período hispano-musulmán. La recuperación del tramo de la calzada ha sido realizada por alumnos de una Escuela Taller.

De cara al senderismo, a la altura del Puente de los Dos Ojos sale uno camino de reciente reconstrucción que asciende hacia el Puerto del Boyar y allí se dirige al Dornajo.

El servicio de correos ya no llega en el autobús de línea de viajeros sino en un vehículo propio. También se ha vuelto más anónimo. Antes, a veces, llegaban las cartas a sus destinatarios consignando únicamente el apodo de éstos. Tampoco hay que esperar un día para leer el periódico. Ahora llega cada mañana la prensa del día.

Antes de la Guerra Civil, había trece tiendas que despachaban comestibles, artículos diversos y algunas también telas. El transporte de mercancías se hacía a lomos de mulos y borricos. Había tres posadas con sus respectivas cuadras en las que descansaban las bestias. Las mercancías se traían principalmente de Ronda y de Jerez de la Frontera. Cinco personas, ayudadas por sus hijos varones, se dedicaban de forma permanente a este actividad. Otra se dedicaba a llevar la ropa semanalmente a los “campiñeros” nombre con en el que se designaba a los trabajadores que acudían por temporadas a la campiña de Jerez para trabajar como jornaleros. Otras dos personas alquilaban caballos para aquellas personas que necesitaban trasladarse a Ronda. En los meses de veranos había varios aguadores que transportaban y vendían agua llevándola en cántaros a lomos de burros.

Las tiendas, comercios y supermercados siguen teniendo el aspecto externo del resto de las casas del pueblo. Siguen sin tener escaparates, salvo lo que puede exponerse a través de las ventanas enrejadas de la fachada. Las ordenanzas urbanísticas municipales también han establecido un tipo de rótulo con un aspecto común para todos los negocios.

Los precios siguen siendo más altos en Grazalema que en Ronda u otras ciudades con una oferta más amplia. El motivo no es tanto el mayor coste del transporte, como la existencia de una demanda que tiene dificultades para desplazarse a comprar fuera, o a la que le resulta más cómodo realizarlas en el mismo pueblo, aunque le cueste algo más caro. Además, el precio de muchos productos se fija teniendo en cuenta su demanda por parte de los visitantes, lo cual los encarece. Ya no se da la antaño frecuente situación de que los productos se vendan por debajo de lo marcado en los mismos. Así, era habitual que el comprador preguntara al vendedor en cuento le rebajaba un producto, y que este accediera.

“Un comerciante favorece a un cliente importante poniéndole un precio especial para él. Puesto que le gusta favorecer a todos sus clientes, a nadie, al fin y al cabo, cobra el precio marcado en la estantería” (op. cit.: 94).

 

Hoy día no se espera que la cajera de uno de los pequeños supermercados haga un descuento en un producto. La creencia de que es justo que el rico pague más por algo que el pobre (op. cit.: 93-94) puede tener un reflejo en los casos de bares y restaurantes en los que puntualmente se han cobrado precios diferentes por el mismo producto a una persona del pueblo y a un turista. Esta picaresca puede darse en situaciones de mucha afluencia de público y confusión.

Sigue siendo válida la concepción que se tiene sobre el precio de las cosas:

“No se piensa que los artículos tengan un valor intrínseco en moneda, sino que están sujetos a las relaciones de las personas que los intercambian. No existe la proposición tiene tal precio en sí mismo, sino sólo en relación a un vendedor y un comprador específicos” (op. cit.: 93).

Asimismo, no ha variado en lo sustancial la opinión de que la posesión de dinero por sí misma no es fuente prestigio social.

“Los valores relacionados con el dinero pueden ser resumidos como sigue. No son los del capitalismo protestante. La posesión de dinero aquí no es de ningún modo un signo de gracia, ni sirve de base para distinciones morales. El dinero es moralmente neutro.”

Sin duda, la sociedad local está envuelta en una cultura consumista en la que el consumo ostentoso tiene más importancia que en el pasado. Así, los jóvenes compiten por tener mejores y más llamativos automóviles. Por otra parte, la acumulación de mercancías en períodos de precios bajos para venderlas en los momentos en que más escasean y alcanzan mayores precios, ha descendido considerablemente. Los canales de distribución actuales permiten cubrir la demanda de todos los comerciantes con periodicidad semanal e incluso diaria. Cuando Pitt-Rivers estaba en Grazalema, había en la plaza de abastos, con carácter fijo, dos carnicerías, la de la Morita y la de Plácido, y una pescadería, la de Frasquito. Según las épocas, había también un puesto de verduras. Una nueva plaza de abastos se construyó posteriormente y se añadieron otros dos puestos permanentes, el de Currillo, de frutas y verduras y el de su prima Frasquita . sigue Eventualmente, también otros hortelanos vendían allí sus productos. Hoy día la actividad de la plaza de abastos es casi nula. Sólo hay, de forma permanente una pescadería que únicamente abre algunos días a la semana.

En cuanto a las diferencias económicas entre la población, la afirmación de que “la distribución de la riqueza está lejos de ser equilibrada en esta sociedad” (op. cit.: 90), sigue siendo válida actualmente. En este sentido, el cambio más destacado ha sido un incremento importante de la renta familiar de las familias más modestas. El nivel de vida en la actualidad no es siquiera comparable con el que existía a finales de los cuarenta. Otros cambios importantes han sido la disminución de la capacidad de gasto del antiguo grupo dirigente, con rentas patrimoniales, y el ascenso económico de otras personas, negociantes o empresarios que han desarrollando nuevas actividades ligadas, fundamentalmente, a la construcción y el turismo.

En los hábitos alimenticios, la monótona dieta de la mayor parte del pueblo – basada en la prolongada cocción en una olla con diversas viandas – ha sido sustituida por otra más diversa. En general, se ha tendido a una cocina más moderna, con mayor presencia de productos preparados o precocinados. Ello ha sido debido a la menor disposición de tiempo para preparar los alimentos a causa de la progresiva incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, al cambio en los gustos, por existencia de una oferta abundante de productos no tradicionales, y por la mejora de la capacidad de compra de la población.

También han variado considerablemente las labores domésticas con la introducción de los electrodomésticos modernos que han hecho más cómodas y rápidas diversas tareas domésticas.

La forma en que son percibidas las divisiones y jerarquías sociales en el pueblo y la valoración que se tiene de las personas que pertenecen a un determinado grupo han variado considerablemente. Si, a Juicio de Pitt-Rivers, la “distancia” y el respeto social que se tenía entre las personas del pueblo hacia las autoridades y el grupo dirigente no eran muy acusadas en aquel entonces, en la actualidad esta distancia ha disminuido aún más debido a que muchos de los miembros de la nueva élite local pertenecen, por su extracción social, al pueblo, en el sentido de plebs.

En el ámbito familiar han variado enormemente las relaciones entre padres e hijos. Por aquellos años los hijos hablaban a sus padres de usted:

“El respeto a los padres es fuerte, y los hijos siempre les tratan de «usted», excepto entre los señoritos de mentalidad moderna” (op. cit.: 111).

Muchos hombres no fumaban en presencia de sus padres incluso teniendo ellos mismos un edad avanzada. Hoy resultaría completamente impensable oír a un niño llamar a su padre de usted. Este rigor no era siempre tan estricto. Así, era común que al regreso del un hijo del servicio militar – hito importante para el ingreso en la edad adulta –, el padre le ofreciera liar un cigarro de su petaca, como signo de reconocimiento de su mayoría de edad.

En el ámbito escolar también se han producido cambios importantes en lo que se refiere a las relaciones entre alumnos y profesores. Antes era frecuente el castigo corporal y existía una férrea disciplina escolar y un considerable respeto y «distancia» social hacia los profesores.

En general, ha disminuido el uso de tratamientos con “Don”, “Señor” o “Usted”. El hecho más importante desde el punto de vista de la percepción de las jerarquías y distinciones sociales ha sido la descomposición y crisis del antiguo grupo dirigente. Formado por los que habían ganado la guerra, defensores del nacional-catolicismo, gente pudiente y “educada”. Este grupo tenía el poder político y económico del pueblo. Toda posible resistencia política había quedado completamente arrasada después de la guerra. Todas las ideas y sueños que habían inspirado los movimientos políticos y sociales en Grazalema: escuelas laicas, asociaciones de trabajadores, asociaciones de mujeres, desaparecieron. La influencia de años de las ideas socialistas y anarquistas se truncó.

A la progresiva pérdida de influencia económica del antiguo grupo dirigente, debida a su escasa capacidad de contratación de mano de obra, se unió más tarde la más drástica del cambio de poder político. La resistencia a usar marcas de respeto y jerarquía social, como “Don”, “Señor”, “Usted” con determinadas personas por su mera posición económica ya fue advertida por Pitt-Rivers a finales de los años cuarenta.

“Se nota una cierta resistencia a referirse a alguno de los terratenientes residentes como don..., a espaldas suyas, aun cuando sean personas de cierta edad con importantes cargos administrativos. El mayor de los terratenientes residentes apodado «el Señorito» recibe usualmente el tratamiento de don si se le llama por su nombre, pero a su hijo, un joven de veintiséis años, nunca se le llama así, ni directa ni indirectamente. Se le llama por su nombre de pila como a cualquier otro hijo de vecino” (op. cit.: 102).

Desde aquellos años hasta hoy, la resistencia a aceptar señales de respeto y jerarquía se ha ido reforzando conforme el grupo dirigente iba perdiendo poder. En 2006 falleció la persona entonces llamada por todos “el hijo del Señorito”, a quien la mayor parte de la gente llamaba por su nombre y apellido. Hoy día la palabra “señorito” tiene un marcado carácter peyorativo. Se usa para referirse a una persona que pretende vivir sin trabajar.

En Grazalema, por otra parte, no llegó a brotar a finales de la dictadura franquista y en los años de la transición un movimiento sindical agrario comparable al de otros pueblos de la campiña, con grandes fincas de labor y cientos de jornaleros. La combatividad y conflictividad llevaba en muchos de estos pueblos a continuas manifestaciones y ocupaciones de fincas para reclamar su derecho a cultivar la tierra. El Sindicato de Obreros del Campo, por ejemplo, que tuvo un papel protagonista en Andalucía dentro de esta línea, no ha tenido actividad en el pueblo. En cuanto al destino de las familias que componían el antiguo grupo dirigente, la mayoría de sus descendientes se han desplazado a los centros urbanos provinciales o regionales y se han integrado en la clase media regional. De los que se han quedado, la mayor parte ha tendido a integrarse en el pueblo como un miembro más, especialmente los jóvenes, el resto, los menos, conservan cierta actitud altiva. El pueblo, que ha asistido satisfecho al descalabro económico, político y simbólico de este grupo, parece ya haber empezado tratarlos como miembros de la comunidad de iguales.

En cuanto a las autoridades y funcionarios públicos en general, ha disminuido el respeto o la distancia social con respecto a ellas, salvo, quizá, hacia la Guardia Civil, aunque hoy es mucho menor el miedo que inspira esta institución, y hacia el médico. Por otro lado, la Guardia Civil dejó hace tiempo de recorrer los ranchos y los caminos. Ya no tienen que caminar recogiendo firmas entre rancheros o molineros que atestigüen la inspección de éstos. En la actualidad realizan sus patrullas en vehículos todoterreno.

Sobre la vestimenta tradicional, la más características era la de los ganaderos y la que llevaban las ancianas. Ganaderos y pastores vestían chamarreta, calzonas de lona blanca sobre pantalones de patén o pana, según la época del año, el “culero” de piel de cabra u oveja, las botas de becerro vuelto con suelas de goma de rueda de camión o piel con tachuelas, sombrero de ala anche con funda de hule negro para la lluvia, así como la llamada manta de ganadero. No muy distinta era la forma de vestir de los que trabajaban en el campo, salvo no llevar “culero” y, en ocasiones y para ciertas faenas, como la recogida, para evitar enganchones, sustituir el sombrero de ala ancha por una gorra de visera corta, como entonces se usaban.

Las mujeres mayores iban casi completamente vestidas de negro: ropa negra con falda hasta los tobillos, el mantón de lana del mismo color, igual que el pañuelo a la cabeza y los zapatos abotinados. Estos atuendos, antes tan habituales, resultan cada vez menos frecuentes. Sólo dos o tres ganaderos tradicionales continúan con esa indumentaria. Los nuevos visten como el resto de los trabajadores del pueblo e incluso algunos usan monos o buzos como los que emplean los mecánicos de los talleres de reparación de automóviles. Lo mismo ocurre con los campesinos, especialmente si cultivan con tractores, para evitar el desgaste de la ropa normal con la que acuden a trabajar. Por su parte, entre las mujeres, aún siendo viudas, resulta ya más bien rara la vestimenta descrita anteriormente, especialmente en lo que al pañuelo y el mantón o toca se refiere. Además, han dejado de usar el velo para asistir a misa.

Ha menguado la diferencia entre la forma de vestir entre semana y los domingos y festivos. Actualmente la gente se viste con sus mejores ropas – los hombres, de chaqueta y corbata, las mujeres, con elegantes vestidos – para asistir a bodas, bautizos, primeras comuniones y, en menor medida, entierros.

Por lo demás, hoy los hombres y mujeres de Grazalema visten bajo el influjo de la moda tal como sucede en la mayoría de los pueblos de España. Por este motivo, ha disminuido la diferencia en la forma de vestir entre veraneantes y vecinos del pueblo. Así, entre los jóvenes son frecuentes ahora los tatuajes, el piercing etc. Pude decirse que hasta finales de los setenta los veraneantes, en particular los jóvenes, representaban un estilo de vida distinto, más moderno y urbano. Hoy esa distinción es muchos menos acusada, tanto desde el punto de vista de la cultura y los valores de cada uno como en su poder adquisitivo, aparte de que los veraneantes tradicionales se ven desdibujados dentro la constante afluencia de turistas de fin de semana.

También son menos acusadas las diferencias en la forma de hablar. Así, el “deje” característico de cada pueblo es menos fuerte debido a una escolarización más prolongada y al mayor contacto con personas de otros pueblos El aumento de la formación ha hecho que el título de Bachiller, que antes era un signo de distinción y motivo de respeto dentro del pueblo, se convierta en algo mucho menos valorado. La titulación universitaria, más valorada, tampoco llega ahora al aprecio que podía tener antes. De ningún modo se habla de de “Don” o “Usted” a alguien por el mero hecho de tener una carrera universitaria. En franco retroceso, por no decir práctica extinción, se encuentra también la costumbre de llamar “Señor” seguido del nombre o apodo de una persona de edad avanzada y respetada. De esta forma el pueblo llano y humilde distinguía a ciertos miembros de la comunidad que, sin hacienda ni riqueza, consideraba que por sus años, sus buenas acciones, su “hombría de bien”, el ejemplo que habían supuesto para la comunidad; su prestigio y dignidad, se habían hecho acreedores al título. Esta era el caso de “Señó Puente”, “Señó Antonio el de La Rana” o “Señó Andrés el Pasaíta”.

La situación que nos describe Pitt-Rivers en la Grazalema de finales de los cuarenta, es la de una fuerte segregación sexual en todos los niveles. Así, los niños están en la escuela por separado. Las tareas que realizan desde muy pequeños y las ocupaciones que tendrán están claramente separadas. En el ocio y en los actos religiosos también están separados. De este modo, la familia es la institución clave: “La única institución que enlaza los sexos es la familia. Primariamente a través del matrimonio, pero también a través de todas las relaciones establecidas por él” (op. cit.: 121).

La situación hoy día ha cambiado notablemente. En el ámbito escolar, los niños asisten juntos a la misma clase. Este mayor contacto ha contribuido reducir el machismo dominante. A niños y niñas se les trata como iguales y se les examina y evalúa como iguales, lo que contribuye a que se perciban del mismo modo. Sin bien la mayoría de las labores domésticas y del cuidado de los hijos sigue recayendo en las mujeres, no es menos cierto que muchos hombres, especialmente los jóvenes, realizan hoy día tareas domésticas y se ocupan de los niños. Posiblemente el grado de igualdad alcanzado entre los sexos en Grazalema sea menos acusado que el existente en otras áreas o en las grandes ciudades. Grazalema se ha incorporado a la tendencia general de una mayor igualdad entre los sexos, aunque, posiblemente a un ritmo más lento y con cambios menos profundos. Este cambio en el papel de las mujeres – equiparación legal de hombres y mujeres, incorporación de la mujer al mercado de trabajo formal y remunerado, uso de anticonceptivos, posibilidad del divorcio, etc. – es, sin duda, uno de los más importantes que ha experimentado la sociedad Española en general.

Ya no tiene vigencia la afirmación de Pitt-Rivers sobre que “las mujeres no van a los bares, sino que se quedan en sus casas, visitándose unas a otras. Las mujeres no fuman” (op. cit.: 116). Los primeros transgresores de estas costumbres en la posguerra fueron los veraneantes.

Hoy día, los novios ya no hablan con una reja de por medio, sino que los gurpos de muchachos y muchachas acuden juntos a bares y discotecas. Las relaciones sexuales antes del matrimonio son algo habitual, gracias a los anticonceptivos. Tampoco resulta ya necesario que una chica tenga que contraer matrimonio con un muchacho de otro pueblo después de haber tenido un noviazgo con alguno del pueblo.

Todavía se aprecia la costumbre de muchos hombres de asistir a misa de pie, al fondo de la Iglesia, junto a la puerta. Esta posición denota autonomía. En un eje con dos polos: autonomía y sumisión, las posiciones del cuerpo podrían ordenarse del siguiente modo: de pie, sentado, arrodillado. La posición más autónoma, es la del que está de pie cerca de la puerta de la Iglesia, pues puede marcharse en cualquier momento. La posición de máxima sumisión sería la del arrodillado en las primeras filas, o la del que come de la mano del sacerdote.

Así describía la separación de los sexos en los asuntos religiosos Pitt-Rivers:

“En relación con la religión los sexos están de nuevo separados. En las procesiones de los días de fiesta caminan cada uno por su lado. Al entierro, asisten sólo los hombres una vez que la comitiva abandona la iglesia. En ésta, los asientos reflejan la misma división. Los hombres, cuando no van acompañados de sus respectivas mujeres, se quedan atrás, mientras que las mujeres y aquellos que van con toda la familia se ponen en los asientos de adelante. Algunos hombres prefieren ponerse aparte de sus mujeres y se sitúan con los de su mismo sexo, detrás” (op. cit.: 116).

Aunque sigue siendo cierta la afirmación de que “la amistad es esencialmente una relación entre personas del mismo sexo” (op. cit.: 117), las relaciones entre hombres y mujeres fuera de la familia se han vuelto más laxas. Antes las relaciones entre hombres y mujeres fuera de la familia estaban tensadas por la falta de trato cotidiano, por una distancia entre las dos personas de distinto sexo. Los hombres se habían criado en una sociedad que, por un lado, sobreestimula los valores de la sexualidad y, por otro, los reprime hasta el matrimonio (Delgado, 1986: 133). De esta forma, la actitud de los varones, en sus conversaciones y comentarios entre ellos denotaba una importancia muy alta del sexo. Las mujeres, por su parte, debían guardar la honra y la vergüenza. Por este motivo, la componente sexual estaba omnipresente y, al mismo, tiempo fuertemente reprimida.

Una idea central de este capítulo es “la ausencia de derechos y obligaciones mutuas fuera de la familia elemental” (Pitt-Rivers, 1994: 132).

Poco ha cambiado la forma de apellidar a las personas. El apellido está compuesto por los dos patronímicos de los abuelos paterno y materno. Ahora son posibles legalmente algunas excepciones, como cambiar el orden de los apellidos. Lo que sí ha cambiado es la costumbre de dar al primer hijo el nombre del abuelo paterno y a la primera hija el nombre de la abuela paterna. También ha habido cambios en los nombres que se dan a los hijos. No son ya frecuentes nombres como Atanasio, Jeromo, Bernabé, Jerónimo o Roque. Algunos nombres nuevos denotan la filiación religiosa de los Testigos de Jehová, como Ezequiel o Samuel.

Nombres más frecuentes en el municipio de Grazalema. Año 2005

Mujeres

Hombres

Maria

56,18

Antonio

78,04

Isabel

51,5

Juan

66,04

Ana

49,63

Jose

60,03

Josefa

44,01

Francisco

56,6

Francisca

39,33

Manuel

28,3

Teresa

39,33

Jose Antonio

23,16

Maria Carmen

35,58

Fernando

21,44

Ana Maria

32,77

Andres

19,73

Antonia

24,34

Francisco Javier

17,15

Carmen

16,85

Miguel

16,3

Catalina

15,92

Juan Antonio

15,44

Maria Teresa

15,92

Rafael

15,44

Maria Angeles

14,04

Jose Maria

14,58

Maria Jose

14,04

Vicente

14,58

Maria Isabel

13,11

Diego

13,72

Laura

12,17

Pedro

12,86

Concepcion

11,24

Salvador

12,86

Juana

10,3

Jesus

12,01

Isabel Maria

9,36

David

11,15

Rosario

9,36

Joaquin

11,15

Cristina

8,43

Francisco Jose

10,29

Leonor

8,43

Jose Luis

9,43

Mercedes

7,49

Juan Carlos

8,58

Rocio

7,49

Juan Jose

8,58

Ana Belen

6,55

Alvaro

7,72

Yolanda

6,55

Miguel Angel

7,72

Remedios

6,55

Ismael

6,86

Maria Rosario

6,55

Javier

6,86

Lucia

6,55

Jacinto

6,86

Inmaculada

6,55

Pablo

6,86

Alicia

5,62

Sergio

6,86

Dolores

5,62

Jose Miguel

6,86

Antonia Maria

5,62

Alejandro

6

Carolina

4,68

Atanasio

6

Susana

4,68

Jose Manuel

6

Elena

4,68

Jorge

6

Encarnacion  

4,68

Jeronimo

6

Manuela

4,68

Gregorio

6

Sonia

4,68

Gabriel

6

Silvia

4,68

Daniel

6

Lidia

4,68

Emilio

5,15

Eva Maria

4,68

Francisco Jesus

5,15

% : Tanto por mil calculado sobre el total de la población de cada sexo

No se muestran datos para frecuencias absolutas inferiores a 5

Fuente: Estadística de nombres y apellidos de los andaluces. Instituto de Estadística de Andalucía.

Tampoco resulta de aplicación hoy día aquella costumbre de que la nueva casada se quede en casa de sus ancianos padres durante un año, periodo normalmente necesario para que nazca el primer hijo, ni en el campo ni mucho menos en el Pueblo. Sobre ser raro que una suegra se lleve bien con su nuera, aunque era y es teoría bastante generalizada, no cabe duda que actualmente admite mayor número de excepciones. Asimismo, los matrimonios entre primos son mucho más raros hoy día.

Las relaciones entre consuegros no han sufrido modificaciones significativas:

“Unidos por las instituciones de matrimonio y del bautismo y por su común relación con los nietos, los consuegros están igualmente divididos por envidias en relación con ellos (con los nietos). Tienden a ser formales y más mutuamente críticos que afectuosos” (op. cit.: 133).

La relación entre compadres, por su parte, no ha variado tampoco sustancialmente, aunque dichas relaciones no están tan cargadas de significado como antes ni entrañan, muchas veces, una relación tan profunda.

Así describía Pitt-Rivers el compadrazgo:

“Es un lazo de amistad formal más sagrado que ningún otro de los lazos personales fuera de la familia inmediata. Su seriedad está marcada por el hecho de que, en la opinión popular, aunque no según la Ley Canónica, crea tabú de incesto – una mujer no puede casarse con su compadre –, y también por el modo de hablar que los compadres están obligados a adoptar cuando hablan entre sí. Salvo en el caso de que pertenezcan a la misma familia elemental deben tratarse siempre de usted, aun cuando durante toda la vida se hayan tuteado. La explicación que se da a esto es que ‘los compadres se respetan’. Este respeto no implica una actitud grave o formal, por el contrario, entablan conversación con mucha frecuencia, pero cada uno tiene la obligación de hacer por el otro cualquier cosa que éste le pida” (op. cit.: 133-134).

Hoy, cuando las familias tienen un número de hijos mucho menor, los padrinos suelen ser los propios abuelos del niño o algunos de sus tíos.

Si la personalidad masculina se define por la virilidad (“La quintaesencia de la masculinidad es la ausencia de temor, la disposición para defender el propio honor de uno y el de su familia”, op. cit.: 118), la vergüenza es la cualidad femenina por excelencia.

“Significa la posibilidad de sonrojarse. Es una cualidad moral como la valentía y es persistente, aunque como la valentía o la inocencia, a la que más estrechamente se parece, puede perderse. Una vez perdida, en términos generales, no es recuperable” (op. cit.: 138).

Más adelante Pitt-Rivers (op. cit.: 139) añade:

“Vergüenza es el respeto a los valores morales de la sociedad, a las reglas por las que la interacción social tiene lugar, a la opinión que otros tienen de uno. Pero esto no está estrictamente libre de disimulo. La vergüenza auténtica es un modo de sentimiento que le hace a uno sensible a la reputación que pueda tener y por eso le obliga a aceptar las sanciones de la opinión pública”.

Hoy, las ideas de vergüenza, honor, honra, hombría, etc. están en desuso. Llegar virgen a al matrimonio no es algo primordial en las mujeres jóvenes. En muchos cosas esto se ve como algo anticuado y sin sentido. Prevalece no obstante el temor al qué dirán, a las sanciones morales de la comunidad. La incorporación de la mujer a la esfera pública y, en particular, a la política se ha plasmado en la figura de la Alcaldesa, que es mujer y además joven. La mujer ha abandonado la esfera doméstica. Su conducta es mucho más liberal. Las muchachas entran con total normalidad en bares, pubs y discotecas. Con todo, la liberación de la mujer tiene todavía un largo camino que recorrer. La polémica de si en los casos de infidelidad el “cabrón” es el marido engañado o el hombre que se acuesta con la esposa – en la que por medio de notas a pie de página Pitt-Rivers discute las interpretaciones de Stanley Brandes y del antropólogo holandés Antón Block –, hemos de dar la razón a Pitt-Rivers en su interpretación:

“La palabra cabrón (literalmente, el macho cabrío), el símbolo de la sexualidad masculina en muchos contextos, no se refiere a aquél cuya manifestación de esa cualidad es la causa del conflicto, sino a aquél cuya comprometida carencia de virilidad ha dado lugar a que otro le reemplazara. Hacer cabrón a un hombre es, en el idioma corriente, ‘ponerle los cuernos’” (op. cit.: 142).

Los cambios en la estructura política del pueblo y de la sociedad andaluza y española en general desde 1950 hasta la actualidad han sido notables: la democratización del sistema político, la instauración de un Estado de las Autonomías y la creación de un Gobierno Regional Andaluz con amplias competencias de diverso tipo. Entre las repercusiones de estos cambios a nivel local podemos señalar los siguientes: ni el farmacéutico ni el médico cobran ya del ayuntamiento cantidad alguna, a no ser por algún trabajo que éste les contrate. Los maestros rurales han dejado de desempeñar su función. También ha desaparecido la vigilancia para cuidar de que los niños vayan al colegio. Ahora los padres están plenamente convencidos de la conveniencia de que asistan a las clases. La figura del recaudador de impuestos dejó paso a la Agencia Tributaria.

Con la democracia desaparecieron el sindicato único así como la figura el del Delegado Provincial de Sindicatos. Lo mismo ocurrió con el Servicio Nacional del Trigo y sus temidos inspectores. De los distintos jueces (de primera instancia y comarcal) , no queda hoy – al ser Arcos de la Frontera la Cabeza de Partido- más que el juez de paz, cargo que es desempeñado actualmente por una mujer. El somatén desapareció una vez se acabó con los últimos reductos del maquis en la Sierra.

Desapareció la figura del Gobernador Civil, cambió la representación de los municipios en las Diputaciones Provinciales y han variado asimismo los partidos judiciales. Así, como ha quedado dicho, desapareció en Partido de Grazalema, que quedó integrado en el de Arcos. Puede decirse que la desconfianza con respecto a la justicia no ha mejorado mucho con respecto a la situación que describía Pitt-Rivers:

“En los sentimientos de todo el pueblo, incluidas las autoridades, hay una profunda aversión, una gran desconfianza hacia la justicia formal y se prefiere que las partes implicadas lleguen a un acuerdo satisfactorio para ambas” (op. cit.: 155).

Por su parte, la Guardia Civil está hoy, según la opinión de varios de nuestros informantes, mucho menos integrada en la población que hace cincuenta años. Los miembros de la Guardia Civil se ven, por un lado, con menos temor y, por otro, con más distancia, pues a penas se mezclan con la población. Las decisiones importantes que afectan al pueblo y que se deciden a nivel local siguen estando concentradas en pocas manos. Antes, era el núcleo del grupo dirigente, ahora las decisiones las toma el Alcalde (en este caso Alcaldesa) y los miembros más sobresalientes del Partido Socialista a nivel local. La disponibilidad de mayores recursos y competencias por parte de los ayuntamientos ha incrementado su poder y su capacidad de influencia sobre múltiples aspectos de la vida cotidiana.

Con respecto a la Iglesia, ésta ha perdido la mayor parte de su influencia política. El Comité de Acción Católica – que velaba por el cumplimiento de los deberes religiosos y por la moralidad de las costumbres- ha desaparecido.

Por su parte, el Casino ha dejado de ser una institución política relevante, pues la nueva élite política no lo frecuenta ni lo tiene por lugar de toma de decisiones. Las circunstancias han hecho que el relativo carácter elitista que entonces tenía el Casino haya desaparecido. Antes de entrar a conocer las razones de ello, debemos señalar una contradicción entre la afirmación que hace Pitt-Rivers (op. cit.: 106) sobre que “no existen sociedades recreativas, ni asociaciones que tengan socios, ni hay grupos formalizados” y la que se presenta en este capítulo: “el casino es la última, y quizá la más importante de las instituciones políticas del pueblo. Es un club de unos ciento veinte miembros, es decir, todos, salvo jornaleros, pequeños arrendatarios y obreros industriales, incluyendo sin embargo a algún que otro veraneante habitual” (op. cit.: 159).

En el Reglamento del Casino se hace constar, no obstante, su carácter apolítico y su finalidad cultural y recreativa. En aquellos años cualquier persona podía solicitar pertenecer a la entidad, si bien la Junta Directiva se reservaba el derecho de admitirla o rechazarla. Lo único que se exigía era que la propuesta viniera firmada por dos socios. Ese carácter selectivo influyó en que los admitidos vinieran apoyados por su buena conducta y modales de una parte y, por otra, por la obligación de pagar una cuota mensual que, aún siendo casi simbólica, requería una cierta disponibilidad económica.

Llegó un momento en que hubo que hacer obras de conservación y reforma en el edificio. Se acordó la admisión de nuevos socios, incluso en calidad de fundadores (para lo que tenían que pagar 100 pesetas) y así poder incrementar los fondos de la sociedad. De esta forma se “abrió la mano” y se redujeron los criterios restrictivos. Esta fue la principal razón por la que se redujo e1 relativo carácter elitista del Casino. Durante muchos años las distintas Juntas Directivas, de forma cada vez más acuciante, pensaban en la subida de las ridículas cuotas que abonaban los socios. No obstante, esta decisión se fue postergando.

Así fue pasando el tiempo hasta que llegó un momento en que la sociedad no pudo permitirse ya tener un conserje y pagar sus servicios. Como compensación se permitió la entrada de personas que no fuesen socias para incrementar los ingresos. Por otro lado, en contra del reglamento de la Sociedad, salió elegida una Junta Directiva compuesta en su mayor parte por personas afines en mayor o menor medida al Partido Popular, de derechas Esto acarreó la baja de muchos socios, entre ellos la del Alcalde, pertenecientes al PSOE.

En resumen, hoy el Casino no se parece casi nada al que frecuentó Pitt-Rivers. Ha dejado de ser el lugar de reunión de los cargos públicos, funcionarios y la clase más acomodada. Del mismo modo, la Bodega o “Casa Amarilla”, tras su cierre, dejó de ser el lugar de encuentro de la clase menos pudiente, tanto social como políticamente.

Con respecto a los asesinatos que tuvieron lugar durante la Guerra Civil, es ahora cuando, después de tanto años, están comenzando a recuperarse la memoria histórica de los vencidos. Hay un movimiento en toda España, formado por asociaciones y partidos y sindicatos de izquierda, que está localizando y abriendo las fosas comunes en que fueron fusilados y enterrados muchos de los asesinados.

En lo concerniente a las relaciones entre Estado central y comunidad local, Pitt-Rivers concluye lo siguiente:

“Los avances en las técnicas de control político, de las comunicaciones y el transporte y la interdependencia política resultante de ellos han reducido la distancia entre la comunidad local y el Gobierno central, pero al mismo tiempo han acentuado la diferencia entre sus culturas. […] El conflicto, inherente a toda autoridad, se ha quebrado y se ha resuelto, en el caso de la Andalucía de hoy, en favor del Estado central que ha conseguido poner más directamente bajo su control político el liderazgo de la comunidad local” (op. cit.: 159-160).

En la actualidad el sistema político goza de mayor legitimidad debido a su carácter democrático. Existe una mayor proximidad cultural y física entre quienes toman las decisiones y aquellos que tienen que aplicarlas y aceptarlas. Ello es debido al nuevo modelo de Estado basado en la autonomía de las distintas regiones. Así mismo, el que los dirigentes locales pertenezcan al pueblo en el sentido de plebs, tal como lo aplica Pitt-Rivers, ha contribuido a esta menor distancia cultural entre quienes ejercen el poder y quienes se someten a éste. Un problema importante, relacionado con la cuestión anterior, es la financiación de los ayuntamientos. El déficit de recursos les empuja usar el urbanismo como fuente de financiación para sus actividades corrientes o para ejecutar ciertos proyectos. Además de los ingresos que perciben de las licencias de obras, los promotores privados pueden legalmente, por medio de convenios urbanísticos, ofrecer fuertes sumas por anticipado a cambio del compromiso de reclasificación de terrenos de no urbanizables a urbanizables. La potestad del municipio para delimitar qué terrenos son susceptibles de desarrollo urbanístico y cuáles no, o para recalificar, mediante una modificación puntual del planeamiento urbanístico, el uso para el que fueron previstos tiene una enorme repercusión económica. Al igual que la iglesia tuvo en el siglo XIX que ponerse en manos de los terratenientes, hoy los ayuntamientos, debido a sus problemas de financiación, tienen que echarse en manos de los promotores urbanísticos. Las ventajas a corto plazo de estas decisiones municipales son claras: los desarrollos urbanísticos generan una gran cantidad de empleo en la población, el dinero obtenido con los convenios permite ejecutar proyectos útiles para el pueblo y muy rentables políticamente. A largo plazo generan, sin embargo, problemas y riesgos cuya gravedad anula las ventajas señaladas.

Así, un desarrollo urbanístico incontrolado crea problemas ambientales, repercute negativamente en el paisaje y reduce las potencialidades de desarrollo turístico de calidad, requiere de costosos servicios que tiene que satisfacer el ayuntamiento u otras administraciones públicas y, sobre todo, genera un tipo de desarrollo basado en la construcción continuada de nuevos edificios. Sería mucho más provechoso un crecimiento económico más diversificado que aprovechara los recursos endógenos, apostara por la calidad y diferenciación de los productos y por la innovación y la formación continuada de los recursos humanos.

Aparte de su visión sobre la amistad que aporta Pitt-Rivers, en este capítulo nos interesa destacar una idea nuclear en el conjunto de la obra. Se trata de la idea de que la tensión estructural entre el Estado Central y la Comunidad se resuelve mediante el sistema de clientelismo:

“La ley ordena algo que es altamente perjudicial para la economía de la comunidad local. El conflicto resultante es resuelto a través de una personalidad social que tiene una relación efectiva con el pueblo, con el grupo dirigente y con los representantes de la ley fuera del pueblo. Dicho de otra manera, la tensión entre el Estado y la comunidad está equilibrada con el sistema de clientelismo” (op. cit.: 176).

En la actualidad el sistema de clientelismo se ha transformado pero sigue estando presente, lo que vendría a dar la razón a Pitt-Rivers. Así, si entonces la pensión de vejez de un obrero podía depender de la firma fraudulenta de un patrono, después las firmas de peonadas no realizadas permitía a muchos percibir el subsidio de desempleo agrario y, más recientemente, el otorgamiento de licencias de obras que incumplen la normativa urbanística municipal depende de la complicidad del arquitecto municipal y del Alcalde.

En relación con el uso del apodo entre los grazalemeños, costumbre entonces arraigadísima en el pueblo, en Andalucía y la mayor parte de los pueblos de España, si bien en general se procuraba no usarlo ante el interesado ni dirigirse directamente a é1 de esa forma, había persones a la que nada le importaba que así lo hicieran; incluso a algunos les servía de orgullo porque era el sus padres. Los apellidos ajenos eran poco usados en el trato cotidiano y sólo se aprendían en lugares como la escuela, donde se pasaba lista diciendo el nombre y los apellidos o en el servicio militar, hasta que éste dejó de ser obligatorio.

La prolongación de los años de escolarización ha sido uno de los factores que han propiciado el menor uso de los apodos y también el menor apego que se tiene por emplearlos. Los apodos tienen varias características sumamente interesantes desde el punto vista sociológico:

Cuando el nombrado era una persona de cierta edad, los apodos se usaban precedidos de la palabra Tío o Tía. En otras ocasiones se antepone el nombre del pila seguido del apodo. Algunas familias no tienen mote y se las nombra por el apellido. Las que menciona Diánez Pozo, que siguen sin apodo, son éstas: los Borrego, los García, Campuzano, Narváez, Castro, Ruiz, Salas, Jarillo, Diánez, Castillo, Campo, Nieto y Macías. Los apodos pueden tener que ver con el oficio desempañado, con la población de origen, en caso de ser forastero, con alguna característica física o con algún hecho o anécdota. Algunos apodos están compuestos por varias palabras como “Salgausté” o “Cagaenpié”.

A continuación ofrecemos una relación, versificada, de los apodos existentes en Grazalema recopilada por Juan Diánez Pozo. Estos apodos se refieren al primer tercio del siglo XX.

Pour citer cet article :

Francisco Campuzano, "Informe 2006 - Grazalema revisitada: Cambio social y cultural en un pueblo de la Sierra (Parte 3 : Análisis detallado de los cambios)". Terrain et archive, 14 février 2008 [En ligne]
http://lodel.imageson.org/terrainarchive/document325.html
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